Iglesia católica

Editorial / Venezuela RED Informativa

Qué bueno ver que debajo de las sotanas de muchos curas venezolanos sigue habiendo pantalones. Que no solo el cura Palmar es quien batalla y pelea por el país, en las condiciones que le toquen. A veces salen otros….

Increíble: ¡Mario Moronta mostró las garras! Y se le planta al gobierno con algo más que con su pataleta sobre la eutanasia, el aborto y el matrimonio igualitario. En un arranque de cojones se lanza una homilía de Domingo de Ramos, ruda y combativa. Limpia el suelo con los malvados que nos gobiernan, que da gusto.

Porque “estos” a cuenta de falsa cuarentena, les dio por cerrar varias iglesias del Táchira en plena Semana Santa. ¡Así, a lo arrecho!

Es que estos desalmados sin Dios, decidieron desbaratarles a los feligreses andinos sus rituales, y les dio por sacarlos de los templos y obligarlos a mantenerlos cerrados. Todo ello en nombre de unos “controles” que estos asquerosos dicen que las iglesias no cumplen. Cuando todos sabemos que la IGLESIA CATÓLICA despliega protocolos de bioseguridad, que ni en los laboratorios de la Pfizer.

Así pues, que Moronta, con más guaramos que sotana, le exigió al malandraje bolivariano que primero fueran a cerrar los bares, los botiquines 24×24 y los expendios de drogas. Que apagaran la música en las fiestas de enchufados y otros relajos, que todo el mundo conoce sus direcciones. Y, después, después, de último, se metieran con las Casas de Oración.

¡Bien por él! Bien por una IGLESIA CATÓLICA venezolana que, aunque le sale un “acto de contrición” por el pecado de complacencia y omisión, no está tarde si el arrepentimiento es sincero.

Porque la IGLESIA CATÓLICA venezolana ni es de FEDECÁMARAS ni de cualquiera de aquellos sindicados de antes, que llevan añales jugando al monopolio con el NARCORÉGIMEN de Caracas, ni tampoco de los obispos y monseñores que juegan al cuide.

La IGLESIA CATÓLICA venezolana es patrimonio de nuestra nación. Es gente. Es la base de nuestra cultura. Es de Venezuela y del venezolano, donde quiera que esté.

¡Amén!

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