Infecciones disminuyen en Florida y una ciudad como Hialeah lidia con “hartazgo pandémico”

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

De todos los lugares en Estados Unidos que son más vulnerables al coronavirus, Hialeah es una presa fácil: un enclave hispano de clase trabajadora a las afueras de Miami donde las casas están hacinadas, los ingresos apenas alcanzan y trabajar es esencial.

El virus acecha en los asilos de esta ciudad del sur de Florida, se anida en las unidades habitacionales densamente pobladas y se multiplica entre familias cuyos proveedores deben salir todos los días para afanarse en obras de construcción, hospitales y fábricas.

El condado de Miami-Dade County ha soportado uno de los peores brotes de coronavirus y hay varios días en que ningún otro código postal del país tiene más casos nuevos que el centro de Hialeah. Solo tres ciudades en el estado, Miami, Orlando y Jacksonville, han tenido más.

Poco a poco el área de Miami ha comenzado a reducir su tasa de infección. Pero a veces es difícil ser optimista en Hialeah, la sexta ciudad más grande de Florida, donde la prevalencia ha permanecido alta.

Los paramédicos se han enfermado. Un padre e hijo, ambos médicos que atendieron a residentes locales durante décadas, fallecieron. Una funeraria pidió un refrigerador adicional para guardar los cuerpos, lo cual hizo que los preocupados vecinos protestaran. Algunos hospitales en la ciudad les han dicho a ambulancias en pleno auge por el verano que no les llevaran casos de urgencias porque estaban demasiado llenos de pacientes de covid-19.

“Las llamadas eran una tras otra, en la noche, en el día, en cualquier momento”, dijo Eric Johnson, un bombero paramédico en la ciudad y presidente del sindicato local de bomberos. Él también se contagió del virus en marzo, tal vez en el trabajo, y luego su esposa se enfermó.

“Era común ver un hogar con 11 o 12 personas”, dijo. “Muchas, muchas, muchas veces había que regresar ahí por varios pacientes de la misma casa”.

Hialeah —que se pronuncia Jai-a-lía— es dada a los estereotipos, con sus moteles desaliñados, raíces industriales y un colorido historial de corrupción.

Hialeah Park, un casino e hipódromo, sale como escenario en “El padrino: Parte II”, y los flamencos del parque aparecían en los créditos iniciales del programa de televisión “Miami Vice”. Un Kentucky Fried Chicken local es el único en el país que vende flan de postre. (Está delicioso). La escritora Jennine Capó Crucet, oriunda de la ciudad, ha dicho que los lectores que no son de Florida creen que el título “How to Leave Hialeah” (Cómo dejar Hialeah) de su novela se refiere a una mujer, no a un lugar.

Sin embargo, en el fondo, Hialeah es una ciudad de familias y trabajadores, las dos demografías que han sido devastadas por el coronavirus.

En abril, la ciudad recibió atención nacional por las multitudes que esperaban en la biblioteca pública para obtener solicitudes de seguro de desempleo. Ahora la gente hace cola en sus autos durante casi 5 kilómetros, pasando por casas adosadas de color pastel, talleres mecánicos y almacenes en una mañana reciente, para obtener ayuda alimentaria semanal en el Parque Amelia Earhart o en la Iglesia Católica Romana del Rincón de San Lázaro.

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