Iván Simonovis: “El capitán de su alma, el dueño de su destino”

El Francotirador / Venezuela RED Informativa

La renuncia de Iván Simonovis, quien había conformado una base de datos de “inteligencia sofisticada” como comisionado de Seguridad e Inteligencia del gobierno de transición de Juan Guaidó, vital e imprescindible a la hora estelar para derrotar a esta narcodictadura que devora y desvasta a Venezuela es descorazonador por un lado porque a su vez, Iván Simonovis no se rinde ante el desencanto que le produce la pusilanimidad de un gobierno interino en el que llegó a poner su confianza y profesionalismo investigativo policial, después de haber sacrificado quince años de su vida en las cárceles viles de la narcodictadura venezolana, donde no solo se destruye el cuerpo y la mente, también se intenta extirpar el alma del prisionero. Ningún gobierno pone en riesgo su seguridad de Estado, así sea en el exilio.

En su carta de renuncia, Iván Simonovis deja abierta una hendija de su capital de inteligencia que ofrenda a Venezuela, disponible a aquellos más determinados guerreros y nada ambiguos, que desaprovecharon ese sofisticado capital que había acumulado el profesionalismo investigativo de Iván Simonovis.

El gobierno de transición de Juan Guaidó no comprendió que no luchaba contra un opositor político, ni siquiera un enemigo militar. Y las estrategias de uso para atacar a ese monstruo que parece una hidra todopoderosa, conformado por grupos terroristas como Hamás, Hezbola, la FARC en sus dos vertientes, eL ELN, más el protectorado de Cuba, Rusia, China e Irán… no se ejecuta con paradigmas de resolución tradicionales que demanda la trama de la complejidad que se ha expandido en el hemisferio en dos décadas. Porque las estrategias había que crearlas no convocando a la negociación desde la civilidad.

No entendió el gobierno de transición de Juan Guaidó, que el tiempo existencial del que padece es muy distinto al tiempo político de la negociación y la espera del que lidera, con sus necesidades básicas satisfechas y seguras. Este pueblo está siendo exterminado progresivamente, en un brutal espectro silente, con hambre, enfermedades, torturas, degradación y tristeza. El paisaje humano y el paisaje de nuestra naturaleza luce desolador en Venezuela. Su resistencia y su ira vengativa y libertaria busca ser decapitada por la Narcodictadura. Si no hay proteína merma la rebelión y la insurrección.

Urge, entonces, sin dilación, la acción del pensador y la acción de los hombres entrenados en el fragor de las batallas. Winston Churchill lo comprendió muy bien cuando decidió juntar la política con la guerra para derrotar el totalitarismo Nazi en expansión en la Segunda Guerra Mundial. Venezolanos, no esperemos más por las promesas de las ayudas por muy bien intencionadas que éstas sean, seamos y actuemos como escribió el poeta William Ernest Henley: ” Soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

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