Juego limpio

Editorial / Venezuela RED Informativa

A esta novela radiofónica, que consiste en las graves denuncias sobre el catálogo de delitos electorales que se llevaron a cabo entre el día 3 y la noche del 4 de noviembre en América, hay que ponerle cuidado.

Sin duda alguna lo importante de este nuevo capítulo no es si a Rudolf Giuliani se le corrió el tinte con que se pinta el pelo. O si estaba o no la patota de abogados completa de la Campaña Trump 2020 o nada más dieron la cara frente a las cámaras los “viejos”. O si las grandes cadenas de TV o los motores de búsqueda de Internet le pusieron picante y se tomaron a “broma” las acusaciones.

Allá lo que de verdad pesa tanto como un elefante bien alimentado es que ya América empieza a verle forma, contenido y profundidad a la magnitud del fraude electoral del cual ha sido víctima. El mega guiso urdido desde la más alta dirigencia del Partido Demócrata del siglo XXI. Un acto de una temeridad chiflada, con un solo y único objetivo: hacerle “la vuelta” a los grandes capitales norteamericanos y occidentales que constituyen la base económica, industrial, tecnológica y financiera de la China del Partido Comunista de los Trabajadores, para garantizar su permanencia y su “seguridad” global.

Así pues, en este “asunto” los analistas de lado y lado tienen razón: Trump está desarmando en su totalidad al sistema electoral de los Estados Unidos de Norteamérica. Trump le está comenzando a mostrar a los estadounidenses y al resto del mundo, las enormes costuras y tremendos remiendos que tiene el aparato electoral de su país.

Desde siempre y hasta esta última elección, el sistema comicial de América se ha basado en la honestidad y en la honorabilidad para su uso y en un casi que sagrado respeto a las formas tradicionales. Algo que en esa parte del mundo llaman lo imperativo de llevar a cabo un JUEGO LIMPIO.

Así las cosas, la auditoria que realiza la Casa Blanca en los estados y sobre las distintas modalidades que en ese país se pueden realizar las votaciones, va más allá de la simple búsqueda de la certificación del auténtico vencedor.

Una América con riñones y sin complejo alguno está haciendo un valiente ejercicio nacional de pesquisa, detección y verificación de todos los chuecos que se desplegaron desde principios de este año. Todo aquello que ha servido para torcer la voluntad del pueblo norteamericano, abusando de su buena fe y de su creencia ciega en el funcionamiento e incorruptibilidad de sus instituciones.

Que envidia sana. Qué vergüenza ajena deberíamos sentir los venezolanos de esta generación, para con nuestros hijos y para con nuestros nietos. Porque nosotros no fuimos capaces de persistir con obstinación suficientemente y así desenmascarar desde el primer intento, al “mejor sistema electoral del mundo”.

Ese parapeto de trampas electorales que ha convertido a la porquería del siglo XXI en un personaje sin forma de una opereta de democracia. En “algo” que nos pasaron como pueblo, un contrabando de aceptación convenida entre unos pocos, entre el tiempo del alza de los precios del petróleo y los dólares de CADIVI.

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