Julio Borges y la operación Jericó

Eduardo José Figueroa Marchena / Venezuela RED Informativa

Lo que vengo haciendo cada vez que tengo oportunidad, es tamizar las leyendas urbanas de la política nacional de los últimos años o por lo menos de los hechos en los que me vi envuelto y por compromiso ante muertos y presos siento el deber de compartir. Hacer eso en nuestro contexto político actual es un acto tan arriesgado como el de atravesar un tiroteo entre pandillas, sin embargo, me atrevo porque a estas alturas del partido sólo me queda responder como el pordiosero sin piernas del chiste aquel ante posibles amenazas: “me irán a quitar la patineta”. Pero vamos al grano ¿Qué papel jugó Julio Borges en lo que se denominó Operación Jericó en 2014? Para los que pasado tanto tiempo no recuerdan o quizás no escucharon en su momento, la operación Jericó fue el primer movimiento de origen militar en contra de la dictadura Madurista, el cual fue infiltrado y denunciado ante los organismos de inteligencia por diversos actores, algunos fueron oficiales (Junior Guerrero Romero, Fernando Viloria, Wilfredo Coronel) que fungieron como simples pendejones para montar el caso, a ellos con un carrito del IPSFA les pagaron sus servicios. Lo que pocos saben es que Julio Borges formó parte de esas reuniones donde se quiso amalgamar al sector militar con el político para abrirle paso a una democracia. Borges, como buen estratega, al censar rechazo por algunos oficiales desde la primera reunión, colocó sobre el tablero a un operador militar que sirvió de caballo de troya, el Tcnel. (GN) Rivero Lago, que para efectos de la conspiración fue denominado; “el llanero”. JB, al mejor estilo de los náufragos de la política nacional, citando a CAP, al percibir que no estaba siendo incluido en el roster de bateo para el presunto gobierno de transición, sencillamente jugó al saboteo y la dilación, después de envuelto en el caso también se refugió en delación, que sumada al padrinazgo de José Vicente le aseguró libertad y descaro. Esa es la verdad, eso fue lo que pasó así algunos pocos quieran tapar con un pañuelo semejante catedral.

Luego del aquelarre, detenciones, interrogatorios y descargas eléctricas en los genitales a la que fueron sometidos algunos de los oficiales sospechosos de planear el alzamiento, sólo dos personas salieron absueltas de todo señalamiento y saboreando café de las oficinas de la dirección de contrainteligencia militar en Boleíta: el Tcnel. Rivero Lago y Julio Borges, quienes como consta en los expedientes formaron parte activa de la romántica conjura. Luego de ello se entendió las insistencias que ambos mostraban para retrasar las acciones que desde hacía dos meses se deseaban ejecutar, Rivero servía de freno prometiendo adherencias de unidades militares y generales inexistentes cada semana, Julio por su parte como sólo conoce la ley del billete y la codicia, atizaba cada retraso de las planificaciones prometiendo cargos y poder. Cuando todos los oficiales comprometidos decidimos que las cosas debían ejecutarse, se desató la historia que concluyó en condenas de 4,5,6,7 Y 8 años que muchos siguen cumpliendo, mientras JB se pasea en el centro comercial Andino del norte de Bogotá, mientras Borges en 2017 se dio el tupé de recibir en nombre de los presos políticos el premio Sajarov a la libertad de conciencia y los 50 mil euros correspondientes al lauro. Es que la vida es cínica y la historia muchas veces injusta.

Como todo tiene sesgos y una opinión bien puede ser subjetiva, sugestionada además por los entuertos del conflicto nacional, yo hice muchas veces un mea culpa, siendo consciente de que mis aseveraciones han podido estar distorsionadas por lo que interpreté o sigo interpretando como desfachatez patológica, como orfandad absoluta de cualquier viso de conciencia o sustancia moral de parte de Borges. Pero, renuncié hace bastante a la posibilidad de que mis pasiones me crearon una imagen especular negativa de JB, renuncié al saber los delitos que comete en Colombia en nombre de la miseria de los venezolanos y amparado en la cancillería interina que muy al pesar de las personas de bien él conduce. Las oficinas de monómeros en Bogotá más que una embajada parece un episodio de fin de temporada de Game of Thrones, es uno de los escenarios donde mayor pugna hay entre Julio y Leopoldo, que a modo de niños mezquinos pelean por un juguete roto y sin pilas; Venezuela.

Entre tantos pecados es bien sabido dentro de algunos círculos que JB y sus fieles lazarillos extorsionan a empresarios venezolanos que por diferentes razones están en el exilio, desde gente buena que sólo quiere retornar a su patria hasta los que amasaron fortunas por sus marañas con el régimen, y ahora, incluidos en listas negras quieren comprarse el ticket de redención que por pocos cientos de miles Borges promete. Estos no son cuentos de camino, no son rumores de pasillo, muchos de los ojos que pasen estas líneas sabrán que aquí no hay mentiras ni medias verdades, lo sabrán porque lo condenan en silencio, lo que termina siendo complicidad, lo sabrán porque han formado parte de la tramoya o porque sencillamente han recibido las denuncias y las tienen engavetadas esperando el momento de la ejecución pública, la cual los gringos o los venezolanos en escenarios históricos medianamente justos deberíamos realizar.

Yo no comparto los tiempos o protocolos de los organismos internacionales, incluyendo al gobierno de Estados Unidos, pensándolo mejor sencillamente es que no los entiendo, nunca me han dado las cuentas. Lo que si tengo por seguro es que Don Julio está en el radar de los mismos gobiernos que lo reconocen como representante del fallido interinato. Desde hace un par de años algunos departamentos y oficinas del gobierno norteamericano han manifestado hastío del puente aéreo COLOMBIA – USA que con cualquier falsa excusa es usado por sabuesos de Borges para pedir dinero, imagino que al dar la espalda estos pedigüeños los funcionarios del imperio exclamarán; “we are fucking exhausted”. quizá por ello silentes oficinas están realizando perfiles psicológicos y mapeos quirúrgicos de las relaciones mercantiles del flamante canciller y sus secuaces. Pero la historia es injusta y así como Borges recibió un premio internacional a la libertad de conciencia en nombre de los mismos presos que él ayudó a encarcelar, así mismo podría terminar en los libros de historia fotografiado con Luisa Ortega y Rodríguez Torres como actor de una transición a la democracia y no como el adefesio histórico que junto a José Vicente y Aristóbulo se nutrió de unos y otros. Sin embargo, hace poco sentí un fresquito acariciarme el rostro, porque en uno de esos interrogatorios raros que hacen los gringos en sus procesos de inmigración, me cuenta el interrogado que, al relatar su historia, la de la operación Jericó, un funcionario boricua del FBI esgrimió; “ah, tú eres de los que vendió Julio Borges, de know it”.

A pesar de que todos estamos de acuerdo en reconocer a JB como el vagabundo de traje caro que es, se asoman en el horizonte nuevas mesas de negociación con Canadá y Noruega como mediadores, donde Borges se auto nombró representante con la venia de Story, que ha resultado ser el embajador de talla y medida perfecta para el interinato. JB y sus hienas ya están salivando sobre el mantel, para ellos significa temporada de pesca y recolección, que es momento del flux y la fotografía al descuido sentado en un poltrón adoptando gestos demócratas. Para ellos es momento de facturar nuevamente en nombre del genocidio mientras los venezolanos cada día son menos a causa del Covid, de la delincuencia, de los suicidios, de la depresión, de la diáspora. Es que hay que tener el cuero y la conciencia secas para actuar de semejantes modos, para saber que cada trozo de pan que colocas en tu mesa es comprado con sangre y lágrimas de millones de personas.

Hace un par de semanas leí un artículo que exponía la importancia de las obscenidades dentro de las estructuras idiomáticas, me llamó la atención porque allí se plantea sin remilgos la relevancia de las palabras altisonantes de cada lengua, de lo fundamental de las vulgaridades para el entendimiento de las culturas, es por ello que se recomienda que tales modismos no sean imputables, pues en ocasiones sólo garantizará un amplio espectro semántico el uso y entonación de adjetivos malsonantes. En Venezuela existen innumerables palabras que sin ser vulgares por su efecto polisémico resultan peyorativas. Por ejemplo, cuando se hace uso de la palabra; “pobre” como adjetivo calificador, no significa en absoluto que el señalado carezca de medios económicos, en mayoría de casos hace referencia a la poquedad de algún elemento conductual necesario para ser respetado en su entorno social. Así, el disfemismo; “mamaguevo”, en nuestra cultura además de asombro, generalmente manifiesta el mayor grado de repudio que sobre alguien puede pesar. Toda la cháchara de lengua y semiótica no es más que un sutil justificativo para señalar a Julio Borges como merece y debe ser reconocido; un POBRE MAMAGÜEVO.

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