Kennedy Bolívar, joven luchador por la libertad con una gran aspiración: “Que Venezuela se reinstitucionalice y vuelva a la democracia”

Alexander Arredondo / Venezuela RED Informativa

Si hay alguien que sabe qué es vivir en carne propia el ensañamiento y la persecución del régimen en Venezuela, ese es nuestro entrevistado de la semana, Kennedy Bolívar, indomable luchador estudiantil y ahora un inextinguible activista político. Kennedy se destacó en sus años universitarios en la UCV por su lucha contra el germen autoritario que despuntaba en los tiempos de la oprobiosa presidencia de Hugo Chávez. De su natal Barinas se traslada a la capital para ingresar a la máxima casa de estudios venezolana para iniciar su carrera de Filosofía y Derecho, allí el interés político, que le viene por herencia familiar, lo llevó a ser una de las figuras más visibles dentro del valiente movimiento estudiantil de principios del siglo XXI. Pero su notoriedad no solo no pasó desapercibida para la sociedad civil, tampoco el régimen de Chávez fue indiferente a su voz, y empezó a hacerle peligroso seguimiento al político en ciernes.

Más adelante, ya graduado de abogado, Bolívar, que nunca rehuyó alzar su voz por los colectivos débiles, y siendo trabajador del aparato de justicia del Estado, obtuvo la presidencia del Sindicato Unitario Nacional de los Trabajadores de la Administración de Justicia Seccional Caracas. Así, dio inicio a una vertiginosa y desgastante lucha dentro de las entrañas de una de las instituciones más opacas y verticales de la administración pública. Con valentía Kennedy dio la pelea por los trabajadores, pero al quedar tan expuesto se puso en la mira de la cúpula del poder judicial que no tardaría en hacer intentos por sacarlo del juego por no plegarse e insistir en la denuncia de los desmanes contra los trabajadores. Pagaría con la destitución y el amedrentamiento llevado al extremo…

Las anécdotas de sus enfrentamientos con el aplastante poder chavista son estremecedoras, y bien vale la pena atender el relato de sus lamentables experiencias: “A partir de 2001, cuando me inicié como dirigente estudiantil, me hice muy visible mientras hacía oposición a Chávez. Incluso recibí un disparo en la muñeca. Ya en 2005 empecé a recibir amenazas directas de los llamados círculos bolivarianos. Poco a poco me fui convirtiendo en objetivo militar. Recuerdo que tras una denuncia que realicé contra Lina Ron, fui secuestrado por policaracas, quienes después de meterme en la maleta de su vehículo por horas, me soltaron como a las 4 de la mañana en las adyacencias de la Funeraria Vallés de Caracas. Yo ya había perdido la noción del tiempo cuando me dejaron bajar, fueron horas las que estuve en su cautiverio. Se comunicaban constantemente por radio con sus superiores. Yo llegué a temer lo peor. Recuerdo que cuando me bajaron del carro me dijeron: ‘Esta es una lección que te va a quedar para toda la vida’”.

Aún Kennedy no sabe por qué no recibió más daño que la angustia vivida, pero los secuestradores, que cuando lo capturaron habían presentado credenciales de la policía, nunca le explicaron ni los motivos para privarlo de su libertad de esa manera tan humillante, y mucho menos las razones para soltarlo horas después. Afortunadamente, a pesar de sus temores, Kennedy vivió para contarlo.

Por su trayectoria combativa nuestro invitado ha estado en el filo de la navaja de los poderosos: Hugo Chávez y Diosdado Cabello lo han nombrado como enemigo de la revolución en sus programas y una expresidenta de la Corte Suprema de Justicia también lo tuvo en la mira mientras estuvo dentro del poder judicial. De hecho, esta última le instruyó una investigación penal a raíz de sus acciones frontales contra el poder desde el sindicato de trabajadores al que perteneció.

Y fue justamente ese procedimiento penal que desembocaría en su prisión lo que lo motorizó su salida intempestiva de Venezuela.

Dejemos que Kennedy nos lo relate: “Cuando gente amiga me entera que el procedimiento penal instruido solo buscaba encarcelarme, se activan todas las alarmas. La noche del 24 de agosto de 2010 me marcho a Barinas. De lo que estoy consciente es de que no le debo nada a nadie. Se me acusaba de obstrucción a la justicia, también de que el sindicato, conmigo presidiéndolo, estaba detrás de un robo masivo de computadoras. Me recomiendan que salga del país, pagaría por esas calumnias y por todas las que ya me tenían anotadas en mis tiempos de estudiante. Mi salida fue relámpago, el 28 de agosto de 2010 ya iba rumbo a Miami”.

-No transigiste con el régimen, no intentaste bajar la intensidad de tus denuncias y pagaste con exilio.
-Es un tema de formación desde mi casa materna: Me indignan las injusticias. Desde pequeño tengo referencias de lo que es una dictadura, sabía, por ejemplo, quién era Pérez Jiménez. Mis padres y abuelos se encargaron de enseñarme y con su ejemplo de gente honrada y trabajadora, terminaron haciendo de mí un trabajador social, alguien con consciencia social, que básicamente sabe diferenciar entre el bien y el mal. Por ese sentido de justicia, decidí luchar en contra de Hugo Chávez y su accionar de gobierno.

-Y cuando te viste en efecto fuera del país, ¿qué fue lo más duro de aceptar de tu nueva realidad?
-Yo ya era un profesional en mi país. Quería ser profesor de la UCV, de hecho, ya había iniciado el proceso para ello. También quería ser político de carrera. Siempre cuidé cualquier detalle. Para mí fue muy difícil ya no estar en mi país, yo no había planificado esa situación. Me deprimí muchísimo.

-¿Cómo se manifestó esa frustración?
-Yo no tenía papeles, pensaba en cómo me mantendría, en qué trabajaría… Tenía 27 años en ese momento. No dormía, no podía, pensando y pensando… El mundo se me derrumbó.

-¿Cómo resolviste el tema del trabajo?
-Decidí marcharme a Nueva York y de ahí a New Jersey, pensé que allá tendría un mejor destino. Llegué a casa de un señor que decidió brindarme su apoyo. Me ofreció una cama para descansar. Para mí ya eso era suficiente. Trabajé en su constructora haciendo de todo, desde lavar las herramientas hasta cargar todos los pesos inimaginables. La cuestión era trabajar. Y lo estaba haciendo. Como inmigrante he hecho todo lo que ha estado a mi alcance para salir adelante.

-¿Y cómo fue tu retorno a Miami?
-Luché mucho en New Jersey. Es una ciudad muy grande, y a pesar de toda la energía que le ponía, recuerdo que mi benefactor, el dueño de la constructora, para quien hacía todo tipo de trabajos desde las 5 de la mañana, incluso comprarle el café y los almuerzos… siempre me decía: “Este país te va a comer”. Cuando le cuento mi pasado en Venezuela, y los hechos políticos en los que estuve involucrado, me hizo una recomendación que no olvidaré: “Vete a Miami a pedir asilo”. Y así lo hice.

-¿Y cómo te fue en Miami?
-Gracias a Dios, llego a Miami y recibo apoyo para vivir, mientras conseguía trabajo. Repartí flyers en las playas de Miami, lave platos en un restaurante en jornadas tan largas que a veces no sentía ni las manos, de ese trabajo me quedó como secuela un lumbago crónico…

-Estando en Miami retomas tu actividad política…
-Así es, corría el año 2011 y quería involucrarme en algo que me permitiera dar rienda suelta a mi vocación política. La Mesa de la Unidad Democrática en Miami reúne a los venezolanos y los estimula a organizarse. Recuerdo que hubo una asamblea de políticos venezolanos, los conocía a todos y ellos a mí y a mi familia. Me voy involucrando nuevamente en la vida pública para la que me había formado. Llega un punto en el que me propongo como candidato a representante de la juventud venezolana. Me hice muy amigo del difunto Pedro Mena, tengo mucho que agradecerle, él me abrió el camino político y académico en esta ciudad. Entonces me pregunta si quiero hacer una especialización profesional. Al cabo del tiempo me convierto en doctor en Liderazgo Político.

-Tu reactivación académica te abrió nuevas y mejores puertas, ¿cierto?
-En efecto, me conceden un crédito, comienzo a estudiar inglés y algo que aquí llaman prelegal. Arranco a trabajar en un bufete de abogados y me voy involucrando en el tema migratorio.

-Y a la par te reactivas en el tema político venezolano…
-En un abrir y cerrar de ojos ya estaba de vuelta en la política, compartiendo con esos jóvenes que ya conocía en Venezuela, mis contemporáneos: Juan Manuel Olivares, Freddy Guevara, Juan Guaidó y Juan Requesens, por ejemplo.

-¿Y en qué andas en este momento?
-En los últimos tiempos me he dedicado reunir a una inmensa cantidad de jóvenes venezolanos, muchos de ellos recién llegados al exilio, incluso hay gente que ha estado detenida. El grupo se llama Movere. Me he convertido en su representante, hemos llevado a cabo las tomas pacíficas de la OEA y la ONU, incluso con huelgas de hambre. Hemos estado en el Senado de USA, adonde retornaremos este mes de julio en compañía del senador Marco Rubio. Mantenemos una relación muy estrecha con el senador republicano Rick Scott. No puedo dejar de mencionar que hicimos campaña en favor del presidente Trump.

-Desde tu actual posición, ¿cómo ves a Venezuela?
-Con solo mencionar la persecución brutal a los medios de comunicación y los recientes hechos acaecidos en la Cota 905 de Caracas, es suficiente para decir que la situación de Venezuela es complicada y compleja. Y no se trata solo de Caracas, la situación es dramática en todo el país. Como venezolano no puedo hacer la vista a un lado cuando todo se ha dificultado aún más.

-¿Qué es lo que más te preocupa de esa situación?
-Me pregunto qué posibilidades hay de que Venezuela se reinstitucionalice y vuelva a la democracia.

-Actualmente tu corazón está dividido entre dos países: Estados Unidos y Venezuela.
-Sí. Sigo trabajando para construir un mejor destino para Venezuela. Pero al mismo tiempo estoy agradecido con Estados Unidos, que me dio una beca para estudiar cuando yo no tenía ni documentación completa. Yo me adapté a esta sociedad. Ahora tengo dos patrias.

-Mirando al futuro, cuando se pueda decir que al menos la crisis política haya pasado, ¿sería posible pensar que los venezolanos podrán alcanzar el tan esperado crecimiento social?
-Ojalá esta crisis sirva para ese crecimiento social, como ocurrió con Alemania después de la pesadilla nazi… pero a veces pienso que no será así. Nos falta muchísimo todavía. Es verdad que somos un gran país, pero de lo más simple a lo más complejo, nos queda cambiar muchísimo. Los venezolanos debemos aprender a valorar la política y el juego democrático, y eso implica castigar a los politiqueros, los que corrompen, sentar precedentes en ese sentido. Venezuela debe empezar a pensar en los políticos como servidores públicos, y a partir de allí, el que lo hizo mal debe ser vetado.

-Pero el primer escollo está en el propio pueblo que se ha acostumbrado, hoy más que nunca, a que el gobierno debe darle para ayudarlo a cubrir sus necesidades, que ahora son demasiadas…
-Pues al pueblo hay que ayudarlo a cambiar esa mentalidad, el pueblo no puede seguir actuando como si nada costara. De allí a pensar en que el país debe ser retribuido hay un solo paso. Eso es sindéresis. Así funcionan las grandes naciones. Cuando todo es regalado termina llegando la ruina, que es en parte lo que ocurre en la actualidad en Venezuela. Finalmente, sin productividad no hay generación de riqueza, y regalar todo no genera riqueza alguna. Tenemos que aprender a pagar, de lo contrario, no valoraremos nunca lo que tenemos.

-¿Qué te atreverías a llevar de Estados Unidos a Venezuela como un valor exportable?
-Sé muy bien que Venezuela es un país muy creyente, pero siento que ese valor exportable por el que me preguntas debería ser la verdadera fe en Dios. La norteamericana es una sociedad que se ha hecho grande poniendo el énfasis en la creencia en el Ser Supremo. Eso les ha dado una disciplina distinta, misma que los venezolanos, en mi opinión, hemos perdido; lo cual abarca muchos aspectos simples de la vida cotidiana, pero importantes, como el respeto a la jerarquía familiar, la ética ciudadana, la visión grande de la sociedad, creerse un gran país y estar orgullosos de ello. Eso, en general, podría ser el valor que exporte de Estados Unidos a Venezuela. Haciendo entender que el modelo funciona a todo nivel y por tanto sería beneficioso aplicarlo allá. Todo quedaría resumido de la siguiente forma: Para que el país cambie es vital una sociedad educada, formada, que estaría en guardia para no volver a ser nunca más lo que éramos antes. Sería espléndido que ese proyecto se pudiera llevar a cabo en Venezuela.

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