La AN bufa: ¿Qué viene después?

Omar Estacio Z. / Venezuela RED Informativa

No se necesitaba ser muy zahorí para predecirlo. La oposición, colaboracionista, la oposición, alacrán, esquirol o cipaya, salió con las tablas por la cabeza, en la farsa electoral que se escenificó el domingo seis de este mes. “Aprovéchate de la traición, desprecia al traidor”. Si los roboLucionarios se desprecian a, sí mismos y hasta a sus propios hijos, al prodigarles dinero de la corrupción, para que vivan con opulencia en las más costosas ciudades alrededor del Mundo ¿qué pueden esperar los demás!

La llamada coalición, “Alternativa Democrática”, que se jactaba de adunar los supuestos partidos opositores, apenas sumó nueve curules del listado nacional de candidatos y, al momento de escribir la presente crónica, la matrona, del by pass gástrico y del refrescamiento facial -una vez que le dio una patada a la pobreza- que preside el supuesto árbitro electoral, ha hecho toda clase de chicanas, para alterar los listados, preexistentes, de aspirantes nominales. Todo para ungir, a unos pocos. De cuarterones o quinterones, pa’abajo, como hipotéticos representantes de la disidencia. Migajas, para los peores de lo peor.

¿Y qué viene después?

Roca y Bustillos, eran amigos inseparables. Además de compartir oficina, era habitual, verlos juntos a diario, en sus recorridos por los tribunales de la jurisdicción. Época en que, el suscrito cronista, estiraba horario, como estudiante de Derecho y como amanuense del Juzgado 3° de Primera Instancia en lo Mercantil del Distrito Federal y Estado Miranda.

Cierto mediodía, 1:30 p.m., a instancias de Bustillos, el juzgado en referencia, se trasladó a los locales de la arepera “Caño Amarillo”, sita en las inmediaciones, a objeto de practicar embargo preventivo. Sorpresivo que, apenas entrar al establecimiento, divisamos al Dr. Roca, que, como quien no quiere la cosa, de pie, al lado del mostrador, almorzaba (degustaba, le hace más honor a la forma como la saboreaba) una tostada de cochino “con televisión”. Más sorpresivo, que los entrañables colegas, a pesar que, literalmente se tropezaron, no intercambiasen saludos, ni expresión de su reconocida camaradería.

Al ser notificado de la medida judicial, el dueño del establecimiento, un señor de inocultable origen portugués, armó un verdadero berrinche: “Eu nao deve nenguma (sic) letra do cambio, e esa firma (sic) que aparece, aí, nao e mía (sic)”.

El fementido deudor, en medio de sus justificables ira y terror, telefonea a su abogado de confianza. Imposible localizarlo. El letrado había salido a almorzar. Además, era viernes o sábado “chiquito”. No había, entonces teléfonos celulares, aparatejos que hoy asolan, la Humanidad. En medio del escándalo que se armó en el establecimiento, el abogado Roca, quien ya iba por su tercera tostada, se acerca de manera parsimoniosa, segura, serena, con mucha autoridad, al epicentro de la gritería y se dirige al Sr. Joao Ferreira Da Silva que así se llamaba el embargado: “‘¿Qué problema tiene, señor? Yo, soy abogado, tengo 50 años, como litigante, puedo auxiliarlo, gratuitamente, en esta emergencia”. Asumida aquella defensa salvadora, a partir de ese momento, entre los abogados Roca y Bustillos, ahora examigos, hubo tres conatos de golpiza. El señor Ferreira De Silva daba gracias a Dios, por haberlo proveído de un defensor, tan aguerrido. “Melhor do que meo próprio advogado”, se decía, el honesto Lusitano, para sus adentros.

Una vez, que intervino la policía municipal, para separar a los jurisperitos, ya trenzados en riña cuerpo a cuerpo, el contrapunteo “jurídico” entre los adversarios, tomó un cariz menos pendenciero.

Bustillos, hizo lo que llamaremos “un primer alegato” al que Roca replicó: A mi “defendido”, el señor Ferreira Da Silva, le consta, colega Bustillos, que esta tarde he estado a punto asesinarlo. Pero visto su anterior alegato, no me queda más que darle la razón en este particular, aunque sea, a regañadientes.

Dos réplicas sucesivas de Bustillos y las consiguientes contrarréplicas de Roca, idénticas, palabras más, palabras menos, que la antes transcrita.

De nada valieron, señas y demás muecas, de los presentes, para advertirle el peligro. El laborioso, Ferreira Da Silva, sintiéndose bien defendido, pero, sobre todo, sin entender mucho, porque su castellano era menos que básico, suscribió un supuesto arreglo judicial, que zanjaba el asunto, pero que terminó por causar la muerte mercantil de la entonces muy próspero “Arepera Caño Amarillo”.

Roca, Bustillos y el señor Ferreira Da Silva, me venían a la memoria, cuando me parece ver y oír las acaloradas discusiones, y hasta riñas tumultuarias, que protagonizarán las bancadas gobierneras y “opositoras” en la venidera Asamblea Nacional: Combates bufos, previamente pactados, para alegrar a la galería, que desembocarán, indefectiblemente, en el vertedero de la delincuencia política más ruinosa para la Nación.  

Después de su mise en scéne de prevaricato, los abogados Roca y Bustillos, jamás, volvieron a ser vistos en predios judiciales. Unos, aseguraban que con lo esquilmado al señor Ferreira, se habrían largado a pasarlo gordo, en la URSS, China, Cuba o, quizás, Turquía. Tengo para mí, que Ferreira De Silva, derrotado, arruinado antes de regresar a vivir a Madeira, los buscó y los encontró.

@omarestacio

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