La farsa del igualitarismo

César Guillén / Venezuela RED Informativa

La igualdad ante la ley es todo lo que puede exigir el hombre razonable

Voltaire

La realidad nos ha demostrado que no se puede ser libre e igual totalmente. ¿Por qué?; porque si hubiera una igualdad total entre los hombres, la desigualdad fuera inmensa; y esto simplemente porque no todos somos iguales para todas las cosas de la vida.

Al implantar un régimen absoluto de igualdad, los menos inteligentes, los menos aptos, quedarían utilizados por los más capaces, además se debe contener el instinto agresivo y ambicioso del hombre (Reyes, caudillos, dictadores). El ser humano por su naturaleza, tiende a dominar al resto.

Esa igualdad absoluta, requiere de una dictadura feroz, que no deje espacio a la libertad, porque al hacerlo, resurge de nuevo la desigualdad. Las grandes revoluciones igualitaristas, degeneraron en las dictaduras más injustas y negadoras de la libertad. No pueden existir la libertad e igualdad absolutas al mismo tiempo, ya que son contradictorias.

Marx, había afirmado que la igualdad llegaría, porque la revolución llevaría a la destrucción de las desigualdades. Años después su pupilo Lenin en abierta contradicción, condujo su revolución con los más capaces, paso seguido exterminó a los desiguales. La igualdad revolucionaria en Venezuela es el más triste ejemplo de esta realidad. Ellos son iguales en sus riquezas, y el resto del país iguales en la pobreza.

En definitiva, la lucha es permanente para encontrar un equilibrio social, es decir: del máximo posible de igualdad con el máximo posible de libertad. Esto con el fin de que se pueda tener la libertad de desarrollar la capacidad individual sin perjudicar al resto, y que, preservando un grado de libertad necesario, se mantenga un grado de igualdad razonable. Solo la democracia liberal lo ha demostrado.

Adhuc Stantes
FEDEPETROL Carabobo

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