La guerra total

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

La humanidad ha sido acompañada en toda su historia por guerras como todos conocemos y sufrimos, solo que con características diferentes. Hoy se nos presenta un modelo que llamo la guerra total.

El Libertador en su lecho de muerte una vez más nos pidió liberarnos de la anarquía, esa condición socio política que constituye el engendro de la guerra total, de todos contra todos, donde el ingenio es puesto a la orden de crear las más variadas e inimaginables formas de imponerse a los demás.

El derecho se constituye en la falacia del mundo que se ha «civilizado» por miedo a la barbarie que decapitaba, empalaba, crucificaba y desmembraba a quien quería castigarse y que hoy cada día resurge de los dominios del inframundo de los extremistas islámicos, comunistas y anarquistas.

El derecho es una creación teórica no para hacer justicia cual dice ser su fin, sino como un arma más en los combates de la guerra total, que generalmente se ha esgrimido desde las trincheras de las instituciones que pretendieron vender como dignas e impolutas, pero que nunca realmente lo fueron.

Desde décadas atrás en Venezuela las instituciones no solo han sido guarida de criminales sino trincheras de poder para hacer la guerra contra quien interese, sin recato y sin límite en muchas ocasiones y con la engañosa maniobra política en muchas otras.

Claro, han existido regulaciones en Venezuela, pero para las guerras convencionales como el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra firmado en Santa Ana de Trujillo, entre Colombia y el Reino de España el 25 y el 26 de noviembre de 1820.

El Tratado de Coche, para poner fin a la Guerra Federal firmado el 22 de mayo de 1863 entre los federales y los conservadores para pacificar el país.

Los convenios de Ginebra y sus protocolos contentivos de las normas que prohíben la barbarie en las guerras convencionales para proteger a los civiles y demás personas que no participan en las guerras o ya no pueden seguir participando en ellas.

Estas normas constituyen la piedra angular del derecho internacional humanitario, es decir, el conjunto de normas jurídicas que regulan las formas en que se pueden librar las guerras convencionales.

Pero ¿quién regula la guerra total?, la anarquía, cuyos combates son de cualquier tipo, según las posibilidades y desafueros de los participantes, es decir, todos, con cualquier forma, tiempo, terreno, magnitud, intensidad, armas, etc. Los combates que van desde andanadas de groserías e insultos hasta delitos contra las personas y propiedades por decir lo poco.

Nadie es capaz de regular esa guerra, la que vivimos los venezolanos, la de la caribería, la del más malandro, la del guapo y apoyado, la del inmoral, la que engendraron los políticos, la de la mentira, usura, estafa y tantos tipos penales, la que nace, crece y se fortalece en las propias instituciones del Estado.

Así como en la guerra convencional se tutela la vida y seguridad de los no combatientes, ¿quién protege en ésta a los no combatientes que son las personas honradas, decentes, honorables, sin conexión política, sin poder, etc.?

¿Acaso solo quedará asumir con estoica entrega la barbarie que se muestra cada vez más de vuelta a la realidad?

Hoy convoco a la reflexión para identificar y conocer la guerra que aprovechan y explotan los tiranos comunistas. Que nadie se engañe, ellos son la escoria humana que se valen y acrecientan esta guerra que crearon los políticos de siempre.

«Todo pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción», a través de la guerra total.

Cuidado con los cárteles de componedores y salvadores de la Patria, que son los únicos responsables de la tragedia de una guerra total.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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