La muerte de un telescopio

Omar Estacio / Venezuela RED Informativa

El desplome y, por ende, la desaparición del Telescopio de Arecibo, sector Karst Country, Puerto Rico, podría constituirse en amenaza, espesa y concreta, contra la preservación de la especie humana. No tan fulminante, como el uso, pero sobre todo abuso de la telefonía móvil, las redes sociales y el mercadeo por la Internet, pero no por ello, menos deletérea. 

El colapso total, con estrépito, ocurrió el primero de este mes diciembre. Sin embargo, la muerte del super observador intergaláctico, la había decretado, en noviembre de 1970, la National Science Foundation (Fundación Nacional de Ciencias) de EE.UU., cuando anunció que planeaba su demolición. El instrumento había perdido estabilidad, los cables que lo sostenían, su tonicidad, y los hipotéticos trabajos de su atiesamiento arriesgaban las vidas de quienes se atrevieran a intentar salvarlo. Sin embargo, el aparato no les dio el gusto a quienes pretendían sepultarlo. En el momento más inesperado, estalló, por sí solo y hoy, lo llora la comunidad científica del mundo. 

Ese gran mirador del infinito, realizó grandes aportes: ayudó a EE.UU. a ganarle a la URSS la carrera espacial; precisó, palmo a palmo el mejor paraje de la Luna para que Apolo 11 se posase en nuestro satélite; descubrió varios planetas, aún fuera de nuestro sistema solar y todavía deambula por el Infinito su rayo interestelar dirigido a un cúmulo de estrellas globulares a 25,000 años luz de distancia de la Tierra. Decodificado correctamente, nuestros “vecinos” podrán enterarse que sabemos contar del 1 al 10, del mapa de la Tierra y del sistema solar, así como de una figura humana. “Cógito ergo sum”.

Al comienzo de la presente crónica, advertíamos que con el telescopio se pierde a un imprescindible celador de nuestra seguridad galáctica y así es. Por ejemplo, gracias, a su megapupila, nos enteramos en 2004, que se aproxima, peligrosamente el asteroide “Apofis” y que, en 2029, pasaría muy cerca de la Tierra -a 31 mil kilómetros, lo que es diez veces más cerca de lo que tenemos a la Luna.

Aunque los operadores del gran telescopio, aseguraron, en su momento, que la posibilidad de impacto, es infinitesimal, los que aspiramos a seguir vivos, no podemos más que concluir que, nos salvamos por los pelos de un mosquito, si tomamos en cuenta las distancias siderales.

¿Sirve de mucho estar advertidos de las trayectorias de asteroides, meteoritos y demás cuerpos sólidos que, en sus carreras locas por el espacio, podrían aniquilarnos en un abrir y cerrar de ojos?

Hasta ahora, lo único que podemos hacer ante tal posibilidad de hecatombe es contener la respiración.  Verlas pasar de largo si es que el peligro resuelve esquivarnos o resignarnos para lo peor, en el caso del Apofis -que ocurra lo inevitable, en 2029.    

Las matemáticas con precisión telescópica, tienen mucho en común con los pronósticos políticos. Uno, calcula, analiza, concluye, sin posibilidad de desacierto, que determinado charlatán o movimiento ideológico, de asaltar el poder, destruirá la convivencia civilizada y la reducirá a escombros. Desde un poblado, hasta un país entero. O constata que los pueblos se van dejando seducir, encandilar, hipnotizar. De nada sirve. Los meteoros de inmoralidad, Chávez, Maduro, los Castro, tantos más, de izquierda o de derecha, impactan.  Entonces poco se podrá hacer para detener el infierno.  

Algunos habrán concluido que, más productivo que invertir en telescopios, es mirar hacia adentro, descubrir los matices internos de nosotros mismos. Infinitos en su pequeñez, como infinito en su inmensidad, es el espacio que aloja las estrellas. “Has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede procurarse” nos aconsejaba El Quijote y antes, le escuchamos a Sócrates su “Conócete a ti mismo”. 

Sea como fuere, nos quejamos muy amargamente de la desaparición del telescopio de Arecibo.

@omarestacio

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