La obediencia será siempre a la fuerza, no a la justicia

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

La justicia puede ser el principio ético moral que orienta la acción sobre la base de la verdad para dar a cada quien lo que le corresponde, vivir honestamente y no dañar a nadie como sostuvo el jurista fenicio Domicio Ulpiano.

La ética como concepto filosófico puede ser un haber del fuero íntimo de la persona que lo induce a cumplir con los preceptos morales de la sociedad.

Ya ven que empezamos fundando la justicia en bases movedizas, nunca sólidas, la ética que responde a hábitos nacidos de las costumbres familiares y sociales no garantiza la verdad y en consecuencia no asegura la justicia, solo define un marco teórico para la moral como conducta práctica que también la había en Sodoma y Gomorra, como los arraigos y apegos que convirtieron en sal a Edith la mujer de Lot.

Jesucristo diría a Pilatos que vino al mundo a traer la verdad y el político preguntó, ¿y cuál es la verdad? Los políticos nunca saben qué es la verdad.

He allí que siendo el hombre tan débil en su espiritualidad y tan arraigado a lo material, cultural y tangible, solo exacerba el ego que lo atrapa en su naturaleza, cual es: el enfoque y defensa de la vida desde su ego que nada tiene que ver con la justicia.

Los conflictos entre lo ético y moral son la consecuencia del laberinto del hombre en su lucha por imponerse, no por buscar la verdad. Luego, no es posible la justicia salvo arreglos más o menos acoplados a la norma objetiva en sus vertientes sustantivas y adjetivas, todas creadas por el hombre injusto y alienado, que impone como garantía el imperio de la ley a ser cumplido por la fuerza.

El hombre ha encontrado en la mentira un modus operandi, por antonomasia, que responde a sus creencias de necesidades, por lo que se ha hecho un constructo conceptual de liderazgo político, apuntalado y consolidado con lo que llaman leyes, que no corresponden a la augusta fe cristiana ni a los preceptos ofrecidos por Jesús, por ejemplo: “No mentiras o no robarás”. Luego, es el paradigma de la conducta humana. En consecuencia, la justicia se queda sin base generadora y sustentadora, por tanto no existe en el común de la práctica humana como moral social que aún sigue siendo con sus variantes modernas la misma de los pueblos citados ut supra.

Esta compleja descripción, aunque realista y práctica, solo pretende inducir a la reflexión para reinventar todo lo mal inventado o a defacer tuertos, en palabras del Hidalgo manchego desde su locura.

Hay sin dudas verdades de aceptación universal aunque no se cumplan que pueden señalar los derroteros de la humanidad para hacer justicia, pero debemos empezar por no engañarnos, a diferencia de lo que siempre enseñaron los políticos de todos los tiempos. Por ejemplo, casi que un cisma en la política fue la Revolución Francesa o mejor el empleo de ese término de astronomía por Oliver Cromwell. Por cierto que Chávez repetía pero no conocía.

En la Revolución Francesa se establecieron como postulados la libertad, la igualdad y la fraternidad, ninguno de esos conceptos son compatibles, solo es una caricia para el ego de esas que llaman esperanzas y que dan fortaleza a los políticos, es decir mentiras.

En Venezuela se vive, si caben los conceptos, una de las manifestaciones menos decantadas, menos modernizadas, menos civilizadas de la mentira, es decir, mentira bruta, ofensiva, atroz, vulgar, descarada, no auspiciada y sostenida por la fuerza sino por la violencia con uso de armas.

A los venezolanos les queda seguir soñando y morir en la esclavitud o despertar y morir por la libertad. La primera es la mentira donde se funda la política, la segunda la verdad donde se hace posible la justicia.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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