La psicopatía social venezolana

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

En el libro titulado “Cuba y su futuro”, publicado por Luis Aguilar León, se ha referido a lo que los autócratas cubanos han convenido en denominar “daños antropológicos”.

En nuestro caso, el de la sociedad venezolana, ya planteado en otros ámbitos como consecuencia de la pérfida acción de la tiranía cubana, los daños antropológicos son los que a continuación se desarrollan.

La neoesclavitud, llamada el servilismo, que constituye una de las formas de enfrentar los problemas cuando no se tienen medios para preservar la libertad. “Es más difícil preservar el equilibrio de la libertad que soportar el yugo de la tiranía”.

Esta máxima de El Libertador, ante el Congreso de Angostura, deviene de la necesidad de “confort” que el ser humano busca como prioridad y que como mecanismo de protección logra el acostumbramiento a una condición muchas veces adversa según los parámetros razonables y de aceptación universal. De allí el llamado Síndrome de Estocolmo que constituye una de las razones del segundo punto.

La resistencia al cambio, que genera incertidumbre, cuando se requiere preservar “el estado de confort”, motivo del libro titulado: ¿Quién se ha robado mi queso?, razón por la cual la humanidad es renuente a aceptar la máxima del presocrático filósofo Heráclito de Éfeso, quien sostuvo que lo único permanente en la vida es el cambio.

En este estado de psicopatía social se produce el tercer punto: el miedo a sufrir daños físicos por los actos de represión brutal y sistemática usada en contra de la población, como consecuencia del instinto de preservación de la vida y los bienes.

Esto deriva en la apatía y conformismo frente al poder que subyuga y que da pie al cuarto punto: la costumbre de dejar la política en manos de quienes han secuestrado esos espacios de decisión de la vida nacional con diferentes ardides y habilidades de dominación social, junto con la falta de convicción de responsabilidad ciudadana.

Ya decía Simón Rodríguez, “para crear una República primero debemos formar republicanos”. La conciencia de participación constante en los asuntos inherentes al interés colectivo es el más noble y requerido ejercicio de ciudadanía.

La sistemática aplicación de ese programa de degradación social termina en el quinto punto: desenraizar los corazones de sus querencias, de su terruño y sembrar la desesperanza, para ser cautivos en la llamada prisión a cielo abierto o insilio.

Sin duda, toda esta trama diabólica de dominación supone la tierra arrasada de valores para alcanzar el gran objetivo de quebrar la moral ciudadana o producir desasosiego y una gran crisis ética, donde volvemos a los tiempos de la barbarie medieval de todos contra todos por sobrevivir sin ley moral que controle la paranoia colectiva.

Esa es la garantía de dominación diseñada para impedir el cambio del comportamiento colectivo.

La solución no está en una sociedad vencida, está en la institución militar, donde unos pocos tendrán que someter por la fuerza al grupúsculo del crimen de lesa humanidad, con la ayuda que sea necesaria.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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