La rebelión

Edilio Peña / Venezuela RED Informativa

Toda verdadera rebelión contiene algo inédito, algo que al principio no puede traducirse, sólo sentirse. Es la fuerza intangible del espíritu. Porque la rebelión verdadera agota la razón y el cálculo, al crear un nivel de comprensión y acción nunca antes imaginado por el oprimido. Sin embargo, la rebelión nueva nace del acumulado sufrimiento y la impotencia que se impone como infinita al oprimido.

Asimismo, de su largo peregrinar y deambular, a veces entre el pacifismo ciego y el martirologio mortal. Sobre todo, al crear la idea de que el corazón del opresor se compadecerá del oprimido ante su irrenunciable necesidad humana de querer ser libre. Aunque después el oprimido comprenderá que el poder absoluto no tiene corazón. Como esa esperanza que agotó a la misma espera con una biblia bajo el brazo.

Entonces, es cuando hace presencia una situación o una frase inesperada y se produce el estallido de la rebelión de manera simbólica y real a la vez. Desde ese instante estelar, el oprimido comienza a romper con la esclavitud por la que no termina de acostumbrarse el cuerpo que padece, sino que también, el alma misma que sufre. El ser rebelde es más que un volcán silencioso que nadie puede predecir cuando va a estallar. Al mismo Dios lo toma por sorpresa. Mucho más, a los servicios de inteligencia de una dictadura totalitaria, como la cubana.

La verdadera rebelión tiene la capacidad de modificar el tiempo del acontecimiento, de su estallido. El instante se convierte en la eternidad. Porque no pretende la trascendencia. Mas, en ese territorio oscuro y doloroso, donde prende la llama de la lucidez desacostumbrada y comienza a propagarse y a vencer la dominación y condena, la rebelión fragua en su natural y único proceso, nuevas tácticas y estrategias de liberación al superar aquellas formas anteriores de rebeliones acumuladas por la historia. Ninguna ola del mar es igual a las otras. Una logística de contrastes que reserva el gran momento en la que debe actuar la unidad política de todo el movimiento rebelde, para consolidar la rebelión total contra el poder total. La misma política naciente en ese proceso, se rebela ante la concepción paradigmática de la política que instruye la academia o las percepciones equivocas de algunos analistas o políticos. Porque el liderazgo se democratiza cuando la épica de la rebelión – que transita hacia la libertad – se vuelve un espíritu puro.

Nadie puede arrogarse el protagonismo de la verdadera rebelión, porque en ella, los individuos que la conforman restituyen la dignidad de su ser y desaparece el esclavo y el oprimido que los habitaba. A su vez, en ese proceso muere el ego con el dictador y con aquél que quiere suplantarlo. Por eso la revolución termina, la rebelión no.

El triunfo de la rebelión se da por avalancha y sin fisura, y es entonces, cuando la resistencia acumulada pasa a la defensiva y luego a la ofensiva del combate. En ese momento, su protagonista esencial es el individuo, que, si bien participa colectivamente en la rebelión, no pierde su identidad porque la rebelión no se convierte en una masa anárquica dirigida por un líder o caudillo con un interés oculto. Aquella víctima desamparada ante el gobierno que lo reprime, encarcela y mata, ha despertado. Ha alcanzado el umbral más luminoso de la conciencia. Pero no sólo la víctima se rebela contra su opresor, sino contra los temores y objeciones de sí mismo. Esa sospechosa cultura de la ética y la moralidad que ancla en la civilidad del cerebro del oprimido. Una verdadera rebelión contiene la activación de la triada física, psíquica y espiritual. Es un acto de entrega y de amor.

De allí que una rebelión pacífica en sus inicios, en el fragor de los enfrentamientos contra la violencia de una dictadura, pueda llevar a sus participantes a cambiar de estrategia si la dictadura, como la mayoría de ellas han hecho en circunstancias parecidas, desatar una masacre total para abortar la rebelión. Es por ello, que, en estos momentos, la rebelión pacífica del pueblo cubano se enfrenta a uno de los mayores y cruciales desafíos. La reacción violenta de la dictadura comunista de los Castros es brutal y se intensifica. Porque ya en su caída inminente, no le ha sido suficiente haber sojuzgado, torturado, encarcelado y fusilado a tantos cubanos, en 62 años. A cada instante, muchos de esos valientes que se han echado a la calle, son los que sonríen y miran a la muerte, como un poema que se escribe por primera y última vez, mientras gritan: ¡Patria y Vida!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

1 × 4 =