Latinoamérica, fracaso endémico (2)

César Guillén Citterio / Venezuela RED Informativa

En pleno siglo 21 Latinoamérica es víctima de un experimento fallido de neo-comunismo a la China o rusa, pero que lo único que ha logrado es la destrucción de la economía privada, causa de la hambruna que se cierne en nuestros países. Todo esto gestado bajo la anuencia del populista del siglo 21 “Barack Obama”, seguido por el revolucionario que regenta el Vaticano. Algunas naciones forajidas y grupos económicos de USA y Europa, están ahora convertidas en una gigantesca cloaca, para el lavado del dinero sucio de la droga y de la corrupción latinoamericana, nuestro mejor producto de exportación.

Para contener el avance de la ignorancia y la pobreza, caldo de cultivo de las aberraciones ideológicas, es necesario hacer a un lado el pacifismo bobalicón y la tolerancia excesiva, que siempre se le exige a la democracia, pero que se le justifica a los comunistas. El bajo nivel de educación nos hace más propenso a las ilusiones que a los compromisos de una sociedad productiva y la falsedad de las ideologías salvadoras siguen vigentes en el foro de sao paulo y el grupo de puebla, cuyo anhelo comunista no parece tener fin.

Los gobiernos latinoamericanos, nacidos todos al calor del caudillismo del siglo 19, han deambulado desde entonces entre el nacionalismo y el populismo. Los experimentos de dictaduras desarrollistas que mostraron índices de beneficio económico solo favorecieron a un sector de la sociedad, sin resolver la exclusión social. Una grieta por donde suele colarse el comunismo y su prédica redentora. El problema no es tener líderes históricos, sino una estructura económica y social permanente. El estatismo, de derecha o izquierda no favorece la economía privada ni el trabajo productivo, por ello se agota muy fácilmente.

El liderazgo tradicional de nuestra región sin excepción, estimula el nacionalismo culpando de nuestros fracasos a malvados factores externos, mientras seguimos avanzando en la corrupción y en la riqueza fácil a todos los niveles sociales. Tal es la podredumbre, que son muchas ya las empresas latinoamericanas involucradas en el rentable lavado de dólares. A pesar de haber tenido oportunidades en un momento de nuestra historia de avanzar hacia el progreso y la estabilidad social, las hemos desaprovechado.

Albergamos profundos resentimientos culturales, producto de un arraigo histórico no superado y de una visión errada de la economía. Atrapados en las lecturas lastimeras de “Las venas abiertas de Latinoamérica” sin entender la realidad del “Buen salvaje al buen revolucionario”, no se vislumbran cambios concretos a pesar de los actuales desastres políticos y financieros en la mayoría de nuestros países, inclusive en aquellos de mayor crecimiento económico en décadas anteriores.

Hoy, las guerrillas redentoras están convertidas en poderosos sicarios del narcotráfico-político y de los funcionarios depredadores del tesoro público. Lo más significativo por lo trágico, es que sus responsables son ahora los líderes que han alcanzado el poder a costa de la corrupción y la violencia. Triste espectáculo el de nuestra América, que encuentra su inspiración en los falsos Redentores sociales que hemos creado durante estos años.

No nos sorprendamos entonces de la recurrencia de populistas, demagogos y socialistas, que en estos últimos años han detentado el poder. No hemos logrado superar la brecha de la pobreza y alcanzar el nivel educativo necesario para que nuestra población entienda cual es la vía para insertarnos en el mundo desarrollado. Una amarga medicina deberá ingerir nuestra región para tratar de resarcir los daños y colocarse en el camino del progreso, del cual seguimos cada vez más alejados.

Revertir esta situación, es el reto titánico del momento, se debe preparar la región para duras pero necesarias transiciones bajo la tutela de la democracia liberal, pero con una firme decisión de sanear una región que el narcotráfico y el radicalismo religioso e ideológico, amenaza con maniatar. O los enfrentamos, o la destrucción de nuestras sociedades tal como las conocemos llegará pronto a su fin.

FEDEPETROL

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