Los mitos de la unidad

Omar Estacio Z. / Venezuela RED Informativa

La pretendida desunión de las fuerzas opositoras, en lugar de debilidad, puede y debe, reconvertirse en fortaleza, porque antes que limitar a una sola, multiplica las diferentes opciones para deponer al narcopelele, en este caso

Con frecuencia, se escuchan reclamos a causa de la falta de unidad en la oposición venezolana. En particular, después que algún integrante de esta última, conversa con altos cargos de, Estados Unidos, Europa o de cualquier otro gobierno demócrata, en procura del necesario apoyo para deponer al narcosátrapa que desmanda en Venezuela. Subrayamos, lo de apoyo “necesario”. La narcosatrapía, se sostiene con las complicidades de gobiernos gamberros, chino, iraní, ruso, turco, castrocubano; con las comanditas con el crímen organizado internacional, las FARC, ELN, cárteles de narcotráfico mexicano, el fundamentalismo musumán, con la corrupción globalizada, industrializada y a escala.  Por lo que, la demanda de apoyo de regímenes democráticos a la causa libertaria compatriota, en lo absoluto, equivale a derrotismo, comodidad o disfatismo político (como lo llama alguna doctrina) sino a una justificable exigencia de paridad de las fuerzas en conflicto.

Cuando el papa Juan Pablo II, EE.UU. (presidido por Ronald Reagan), así  como varios gobiernos de la Europa Occidental (1987) respaldaron las luchas libertarias de Lech Walessa, no se penalizó a este último ni se le dejó, inerme, ante la tiranía soviética y el gobierno títere del general, Wojciech Jaruzelski, por el “delito” de coexistir, en Polonia, además del movimiento, “Solidaridad”, dirigido por el referido Walessa, numerosas organizaciones opositoras rivales: “Lucha Solidaria”, la “Federación de Jóvenes Luchadores”; el Movimiento por la Libertad y la Paz (Ruch Wolność i Pokój); el movimiento anticomunista, “Alternativa Naranja”  (Pomarańczowa Alternatywa) de Waldemar Fydrych, el periódico liberal Res Publica. Simplemente, las fuerzas democráticas occidentales, más el poder intemporal de la Iglesia, concentraron sus respaldos, en el movimiento “Solidaridad” dirigido por Walessa, por considerarlo, el más idóneo, con los resultados conocidos por todos. 

Ya trasladado desde su prisión de la isla de Robben a la penitenciaría de Pollsmoor, Ciudad del Cabo, (1984), Nelson Mandela inicia conversaciones con enviados de la cámara de los Lores británica, con académicos de de EE.UU., con intermediarios de Pier W. Botha, primer ministro de Sudáfrica, entre otros. No fue impedimento para la actuación de Mandela, que la oposición al gobierno de apartheid, se hallase fragmentada, en numerosos grupos o grupúsculos: La South African Coloured People (Organización del Pueblo Mestizo de Sudáfrica); el Partido Comunista de Sudáfrica; la escisión de este último, en el National Minded Bloc; el Mass Democratic Movement, organización resultante de la unión COSATI y el UDF; el Bechuanaland People´s Party o Partido del Pueblo de Bechuanalandia; el Black Consciensousness, aparte que el “Congreso Nacional Africano” partido de Mandela, además, se hallaba dividido en facciones, entre otras, la encabezada por, Winnie, su propia mujer. La acritud entre los opositores alcanzaba su coda, al calificar, indistintamente, al susodicho de colaboracionista, extremista o de terrorista – “el opresor, determina la naturaleza de la lucha” se autojustificaba.

Queda dicho, con dos de los muchos ejemplos que podríamos traer a colación, que la pretendida desunión de las fuerzas opositoras, en lugar de debilidad, puede y debe, reconvertirse en fortaleza, porque antes que limitar a una sola, multiplica las diferentes opciones para deponer al narcopelele, en el caso que nos ocupa. 

No han faltado, además, quienes reclamen, a la disidencia venezolana la pretendida carencia de un líder, carismático, providencial, quizás mesiánico. Pero Gene Sharp, llamado con justicia, “Padre Contemporáneo de la Resistencia Pacífica”, se decantaba por los liderazgos plurales, alternativos, intercambiables, para enfrentar regímenes despóticos, de modo de impedir que el encarcelamiento, exilio o, incluso, la eliminación física del dirigente único -con las tiranías y narcotiranías, jamás se sabe- se frustre el objetivo de la resistencia. 

Reflexiones que nos permitimos, ahora, que las autoridades de EE. UU., se encuentran en plena renovación y que ha quedado pendiente la asignatura Venezuela, en pro de la libertad compatriota, pero, también, en beneficio de la seguridad, integridad y defensa del hemisferio.

@omarestacio  

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