Maradona, dos autogoles “solamente”

Omar Estacio Z. / Venezuela RED Informativa

Inolvidables, memorables, únicos en la Historia, el “Gol de la Mano de Dios” y “El Gol del Siglo”, marcados el 22 de junio por, Diego Armando Maradona, contra el seleccionado británico, en cuartos de final del Mundial de Fútbol, México, 1986. Que los describa un diletante en la materia constituiría despropósito en el que no va a incurrir, este cronista, primero, porque sus pormenores permanecen grabados con letras de oro, en la memoria de cada seguidor del pasatiempo y, segundo, porque la épica y poética de tal proeza, ha sido cantada por numerosos muy inspirados.

Lamentable, sin embargo, que después de haber tocado el Cielo con las puntas de sus dedos (de los pies, porque, de haber sido con los dedos de las manos le pitaban, “memoria de”) pero, más lamentable, todavía, que después de retirarse como jugador activo, haya ido, “cuesta abajo en su rodada”.

Como impaga, la pensión de alimentos a varios de sus hijos, pese haber ganado millones como atleta, por lo que la sufrida progenitora de los hijitos de … (yd, por parte de padre, no de madre y valga la aclaratoria) se vio en la penosa necesidad de entablarle demanda judicial, urgente, pues las criaturillas estaban, de manera literal, muriéndose de hambre.

O por haber caído ¡Preso, carrizo! infraganti, fotografiado, manos en la masa o mozo, en medio de orgía tumultuaria.

Por darle ejemplos públicos, a la muchachada, muy borracho o con voladoras con carburante de más octanaje.

O por posar, totalmente desnudo -como quien posa en medio de un safari, con un elefante baleado a sus pies- con dos niñas, desnudas también, menores de edad, en un burdel de La Habana, mientras lo pasaba gordo, con la ciencia y complacencia de los hermanos, Fidel y Raúl Castro, porque, además, el hombre, presumía de ñángara.

O por haber vituperado, de manera pública y a voz en cuello, a la Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, a quien dictó lecciones de moralidad, en medio de una visita, de turista, a la Capilla Sixtina. 

Como embestir, con su Ferrari o su Lamborghini, a uno o varios de sus hinchas más devotos, porque en medio de esas aglomeraciones peatonales que suelen producirse a la salida de los partidos de fútbol, los embestidos, tuvieron la mala uva de obstaculizar el desplazamiento de su bólido, quizás para pedirle un autógrafo o saludarlo.

Se ha estudiado, mal y poco, el masoquismo en el deporte. Propensión en algunos aficionados, a perdonarles todo -estimulados por, la FIFA, la COMEBOL y demás gánsteres del balompié- a sus semidioses, incluidas las agresiones físicas y morales contra los propios adoradores, quienes mientras más maltratados, más querendones con ídolo-patán. O rufián.

Haberle sacado a Maradona, en vida, por escrito, varias veces, tarjetas amarillas o rojas, nos concede licencia para volvérselas a sacar, ahora, que es ya cadáver: Colocárseles en decúbito ventral, a cambio del vil metal, a Chávez y muerto tal narcofelón, al más narcofelón -si cabe- que lo sucedió, no es pecata minuta. Dos autogoles, “solamente”, que ni siquiera sus veneradores más obsecuentes, pueden perdonarle.

@omarestacio 

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