…Más asesino que El Tapón de Darién

Omar Estacio Z. / Venezuela RED Informativa

Darién o “El Tapón” de Darién, bloque selvático que ocupa la frontera entre Colombia y Panamá -la porción enclavada en, esta última, de mayor superficie- es, quizás, uno de los lugares más peligrosos del Mundo. Intentar cruzarlo ha sido catalogado como verdadero infierno. Es tan, pero tan, inhóspito e impenetrable, que el felón Manuel Noriega, -cual su émulo, más descarado y depravado de, Nicolás Maduro- les entregó durante su Presidencia, a cambio de cuatro millones de dólares, billetes sobre billetes, media hectárea, de la manigua a, Pablo Escobar, Oscar Ochoa y Gonzalo Rodríguez Gacha. Todo, a objeto que esos feroces criminales, levantasen una megaplanta procesadora de cocaína, inaccesible, para los escuadrones antinarcóticos de Colombia. Cuando Noriega o “El Cara ‘e Piña” amenazado de bombardeo por la DEA, tuvo que demoler la edificación, los capos, juraron asesinarlo. Fidel Castro, en persona, se vio en la necesidad de convencer a sus narcocompinches colombianos que recibiesen sus millones de regreso y dejasen vivo al panameño.

La normativa sobre refugiados sancionada en ámbito de Naciones Unidas, a partir de la Convención suscrita en 1951, establece que todo perseguido por razones de raza, nacionalidad, religión, creencias políticas o por formar parte de determinado grupo, tiene derecho a pedir refugio en otro país, si en el suyo, su integridad física corre peligro. En las últimas semanas, particularmente, hemos visto cómo se ha incrementado el número de venezolanos que ha cruzado el Río Grande, para entrar a territorio de EE.UU. y solicitar refugio. Unos, han volado desde Bogotá, Panamá o Santo Domingo con destino al aeropuerto que sirve a Ciudad de México. Y de allí, caminando, en “aventones” o transporte privado, culminar el trayecto, a nado, literalmente, hasta Del Río, Texas. Fuentes plurales y confiables, nos han asegurado que, muchos compatriotas de menores recursos, se aventuran a cruzar el “Tapón de Darién”, con todos los peligros que representa la travesía y de allí, recorrer Centroamérica, hasta parar en la citada Del Río. Prefieren morir, ahogados, mordidos por una serpiente, aguijoneados por alguna araña, devorados, literalmente por los mosquitos o de hambre extraviados en la profundidad de la selva, que asesinados por la Dirección General de Inteligencia Militar o “El Piki”, el “Ñoki” o como les digan, a los jefes de bandas barriobajeras del, mismo Maduro, porque este último, con holgada ventaja, es más asesino que el mismísimo, “Tapón de Darién”.

En Venezuela, se discrimina y se persigue a todo sospechoso de no ser acólito de la narcotiranía. Lo que equivale al 90% de sus habitantes. Si alguien no porta el llamado “Carné de la Patria” impuesto para el control social, se le niegan servicios básicos, el derecho a las bolsas de comida que mal vende Mercal, la gasolina, el acceso a las vacunas contra el Covid-19. Devolver a Venezuela a cualquier emigrante, equivale a las privaciones más pavorosas, a la muerte civil, por no decir cárcel segura. Y quien dice cárcel, dice, torturas, tratos crueles e inhumanos, por mucha que sea la dentera, que le ha producido corroborarlo a doña Michell Bachelet.

Los países, vecinos y los no vecinos, tienen que tomar consciencia que la narcosatrapía de Maduro, dejó de ser, desde hace mucho tiempo, un problema, exclusivo, de los venezolanos. No admitirlo y actuar en consecuencia, compromete la seguridad no solo regional sino del Mundo entero, por sus comanditas con numerosas internacionales del crimen organizado. Es hora que comprendan, además, que Maduro y sus narcozafios, no salen con elecciones regionales, como parece el giro de las pretendidas negociaciones en curso. Obligarlo a elecciones generales con veeduría multilateral, sujeta a los estándares internacionales, por las buenas. O por las menos buenas lo cual seríamos los primeros en lamentar y en aplaudir al mismo tiempo. Ese es el único dilema.

@omarestacio

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