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Mascaritas / Venezuela RED Informativa

JFK resultó ser uno de los presidentes más torpes e ineficientes que ha tenido los Estados Unidos de Norteamérica en toda su historia. La imaginación colectiva, su linda esposa, ser practicante católico y su cuento de Camelot, han fijado en la imaginación colectiva americana y mundial el mito urbano de haber llevado a cabo una administración exitosa y productiva, que realmente nunca fue.

Tras la torpeza de sus estrategas en el “asunto” de Bahía de Cochinos, por poco lleva al planeta tierra a su vaporización en la Crisis de los Misiles del ’62. Creó una serie de malas alianzas con los peores y con los gobiernos de menos futuro del Sudeste asiático. Lo que llevó al presidente Johnson a montarse la charada del Golfo de Tonkin, y embarcar a norteamericana en más de una década de Guerra No Declarada, 50 mil muertos y la destrucción de la moral y de la fe de su país en la infalibilidad del Tío Sam, conseguida tras los triunfos yanquis en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial.

La más fina y elaborada propaganda difundida de forma viral por la televisión que se hacía masiva para ese momento, maquilló el fracaso rotundo de su administración en lo interno y en lo internacional.

La porquería que dejó atrás la “Era Kennedy” no sería recogida sino hasta principios de los ’80s. América, tras Nixon y Carter no volvería a ser “la misma” hasta la gloriosa llegada de Rambo, Rocky Balboa y Ronald Reagan.

Ese mismo “fenómeno” se vuelve a repetir en el caso del Sr. Obama. Tras 8 años continuos de caída del P.I.B norteamericano, burbujas inmobiliarias, destrucción del empleo y de la producción Made in America, se reedita un retroceso contundente en el plano internacional de los USA como potencia y como garantes de la libertad en el mundo.

Y como por arte de magia, Mr. Obama abandona la Casa Blanca con los números de aceptación, reconocimiento de gestión y popularidad más grande que presidente alguno haya alcanzado en ese país.

La pérdida real del control efectivo de los grandes corredores oceánicos del petróleo y de la capacidad de disuasión tradicional de los USA en Oriente Medio, es un “regalo” del Premio Nobel de la Paz Obama, con todo y lazo para los rusos y los chinos. Ambas naciones, por cierto, muchísimo menos ocupadas y preocupados por el qué dirán y por las matrices de opiniones anti imperiales que los norteamericanos y europeos.

¡Ellos NO creen en eso! Entre tanto, la Norteamérica aislacionista de los tiempos pre electorales de la Administración Trump, tiene al Sr. Mike Pompeo como a las bolas del toro: de aquí pa’lla.

Así, mientras el demente de Corea del Norte insiste en pasar por las cabezas a los japoneses misiles de “prueba”, para advertir a los yanquis y al resto del mundo Libre que “si pueden”, acá, el “Sur También Existe” como decía el viejo Mario Benedetti.

Ecuador, que más que un país es una referencia geográfica, está encendido. La Argentina de Mauricio Macri, después de un camión de esfuerzo para sacarla del clientelismo de los Kirchner, corre el riesgo de deslizarse nuevamente hacía la ficción del siglo XXI.

Y ahora Chile, la joya de la postmodernidad de habla hispana. El milagro asiático en español a lo Milton Friedman que consiguió corregir su rumbo hacia el abismo con el golpe de estado en contra de Salvador Allende, hoy arde en protestas sanguinarias, destructivas y más violentas que en ninguna parte.

Por cierto, quizás no sea el momento oportuno para recordarle al presidente Piñera sobre su oferta de enviar un contingente de tropas a Venezuela, para recuperar nuestra libertad.

Igual no vale la pena recordar al resto del Mundo Libre. A Europa en pleno, y a la España de los Borbones que le lavan la plata sucia a los bolihijosdeputas de la Venezuela del siglo XXI, el cuento de la Alemania Nazi.

Ya saben, aquel que refería que cuando la Gestapo se llevó a los homosexuales, a los comunistas, a los gitanos y a los judíos nadie dijo ni hizo nada. Y que cuando finalmente fueron por todos aquellos que quedaban, esos que siempre contemplaron desde sus ventanas como eran arrastrados a la “niebla” a tantos y tantos infelices, ya no quedaba nadie que saliera a defenderlos. Dejémonos de pajas en todo esto. El que entendió entendió.

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