Más venezolanos detenidos en el caso de los dos jóvenes descuartizados en Lima, Perú

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

La División de Investigación de Homicidios de la Policía Nacional de Perú estableció que el venezolano Rubén Matamoros Delgado y el peruano Jafet Torrico Jara, asesinados y descuartizados el domingo 8 de septiembre en San Martín de Porres (Lima), se habrían dedicado al proxenetismo.

A ambos los mataron en el hospedaje Señor de Sipán, en la urbanización Fiori, una zona que en los últimos cinco años ha sido tomada por meretrices de diversas nacionalidades. La prostitución se ejerce en los innumerables hostales que abundan en el lugar, lo que causa incomodidad a los vecinos.

“Esta siempre ha sido una zona movida, pero no había tanta prostitución como ahora. Acá se vive un descontrol los fines de semana y nadie viene a poner orden”, se queja una vecina cuya casa colinda con un hospedaje donde se ejercería el meretricio.

Según las investigaciones de la policía y la fiscalía, el asesinato del venezolano Matamoros (de 22 años) y de Jafet Torrico (24 años) sucedió en el quinto piso, habitación 507 del hospedaje Señor de Sipán. Entre los implicados habría dos mujeres que se dedicarían a la prostitución. Una de ellas sería Bárbara López, conocida como “Michel”, de nacionalidad venezolana. El sábado 14 de septiembre fue detenida la venezolana Verónica Montoya, quien huyó de Venezuela tras haber asesinado a una persona. Se investiga su participación en este doble crimen y en las mafias de la prostitución clandestina en Lima Norte.

Por este crimen, como ya se dijo, fue detenido el venezolano Alexander Salazar, quien el día de los hechos (domingo 8 de septiembre) trabajó como recepcionista del hospedaje y habría manipulado la cámara de seguridad para que no registrara el momento en que los asesinos retiraban del local los paquetes que contenían las partes cercenadas de las víctimas. Él trabajaba de 9 p.m. a 9 a.m. en dicho hospedaje.

Su hermana, Odalys Salazar, lo relevaba en el turno de la mañana. Ella ha declarado a la policía peruana que en el quinto piso del hospedaje del Señor Sipán, donde se ejecutaron los asesinatos, se quedaban en distintas habitaciones dos venezolanas implicadas en el macabro crimen y el compatriota William Rondón. Todos en edades comprendidas entre los 22 y 27 años. Eran delincuentes en Venezuela y se fueron por los “caminos verdes” lejos de nuestro país para buscar otros caminos también torcidos. Ya en Venezuela hasta los asesinos, narcotraficantes y proxenetas no tienen clientes que les paguen. Al parecer, Venezuela dejó de ser “negocio” para las bandas delictivas. No tienen a quien robar, ni a quien extorsionar. Casi todos son demasiado pobres allí.

Como venezolanos sentimos una inmensa vergüenza que hechos tan espantosos como los ocurridos en San Martín de Porras, Lima, los hayan cometido venezolanos, y tan jóvenes.

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