Máscaras

Editorial / Venezuela RED Informativa

Todo pinta que 2021 será un año sin MÁSCARAS. En un escandaloso silencio, rugen las placas tectónicas en Washington DC. Muy pronto veremos el resultado pirotécnico del mega fraude en las elecciones norteamericanas del 3 de noviembre.

El planeta en pleno asistirá en primera fila al evento, seguramente censurado, desenlace de otro capítulo más la de la eterna lucha entre el bien y el mal. Observaremos con la boca abierta de qué lado quedó la victoria. Y ya evaluaremos cómo terminaron, al “final” de la pelea, todos aquellos maromeros que funcionaron en posición adelantada. Tanto de nuestro país como del resto del mundo.

Otro que nos promete no usar MÁSCARAS a todo lo largo de este año que comienza es el Tío Leopoldo.

Al final de 2020, tras su pase de revista a la miseria que se amontona en la Parada, “paso” fronterizo de buena parte de la diáspora venezolana a través de Colombia, se pronuncia, luego de partirse la cabeza analizando el problema.

Usando una lógica matemática irrefutable, el Tío Leopoldo, compara el desbordamiento del pueblo Sirio, con la pesadilla venezolana. Y advierte que, en el primer caso, el Mundo Libre, así como las organizaciones multilaterales de ayudas humanitarias, aportan cerca de US$ 300 por cada sirio en desgracia que huye de su país. Monto promedio que permite “asistir” a aquellos menesterosos en su escape del fuego cruzado entre ISIS y Assad.

¡Mientras que, por los venezolanos en estampida, apenas se están levantando algo menos de US$ 40! ¡Punto!

Pronto veremos el reinicio de una campaña formidable pro fondos de los venezolanos en desgracia, con todo y concierto seguramente. No hay sombra de dudas: ¡la miseria nacional es la mejor oportunidad para estos vagos de oficio!

Por ahí ya pasamos. ¡Solo que con MÁSCARAS! Ahora se acerca una reedición del joropo de los recursos “manejados” sin control. Sin destino certificado. Sin darle cuentas a nadie. Y lo que termina resultando más patético aun: sin efecto alguno sobre la vida de los cientos de miles de venezolanos que se arrastran como beduinos por media América y parte del resto del mundo.

¡Venezuela es un país de inmensas posibilidades! Al extinguirse el petróleo y desaparecer la renta petrolera como cadena de transmisión de un modelo de país que incubó a millones de parásitos sociales. Al mutar Venezuela desde País de las Bellezas al País de las Miserias. Cuando la noche está en su instante más negro y oscuro, nos convertimos en un Haití de Tierra Firme, para continuar siendo explotados por todos estos Compañeros del Viaje Angustiante que es nuestra vida actual.

Al menos en 2021 pareciera que nadie llevará MÁSCARAS. ¡Ya caen las caretas!

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