Memorias

Editorial / Venezuela RED Informativa

De un “gobierno de salvación nacional”, el Departamento de Estado aterriza en la propuesta de una salida viable y honorable para las dos bandas que están exprimiendo a Venezuela. Un planteamiento impecable en el papel, aunque suena poco funcional en su instrumentación. Porque sin una retirada previa de las fuerzas de ocupación cubanas, el desmantelamiento de las pandillas paraestatales llamadas colectivos y del mismo alto mando militar que tiene control hasta de las botellitas de agua potable que aún se producen en Venezuela, acá no cambia nada.

A finales de los 80 Ronald Reagan y Alexander Haig, su secretario de Estado, le hicieron una oferta a Manuel Antonio Noriega similar a “esta”. También en aquel caso, acordado con lo que restaba del poder soviético en la zona del Caribe, a través de sus mercenarios, los cubanos.

Y no resultó. Noriega y su banda se negaron a soltar el poder por las buenas y a salir de sus narco-enredos por la puerta grande, con las consecuencias por todos recordadas, que desató el infierno que abrió sobre Panamá el siguiente inquilino de la Casa Blanca, George Bush S.

Los yanquis plantean en dos platos remendar rápidamente el estado venezolano, desde la “buena fe” de los actores en juego, para abordar una transición en paz hacia la democracia.

Suena lindo. Ojalá y sea posible.

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