Metamorfosis venezolana

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

“Lo único permanente en la vida es el cambio”, dijo el presocrático Heráclito de Éfeso, en el Asia Menor.

Esa realidad hizo famoso el libro “¿Quién se ha robado mi queso?” de Spencer Jhonson, porque su tema central es el cambio y la resistencia a aceptarlo, por miedo y otras razones.

Lamentablemente, nuestra cultura no tiene entre su acervo ese aprendizaje, sino totalmente lo contrario, cual es aferrarse a la posesión de todo lo posible y preservar el estatus quo.

La vida está en constante cambio como fuente prístina de esa enseñanza, pero la cultura siempre se modeló artificialmente de espalda a la naturaleza, es decir, contra natura. Pagamos un precio muy alto por haber acogido esa libertad de arraigo y amor a lo material y la creación artificial.

El conocimiento universal está dividido en tres grandes áreas: el de las ciencias matemáticas, cuya lógica lleva a la invención, a decir de Henry Poincare; el de las ciencias experimentales, cuya lógica conduce al descubrimiento, según Claude Bernard y las ciencias teóricas, cuya lógica permite la creación, según Louis Broglie. Invención de una máquina, descubrimiento o hallazgo de algo que existe en la naturaleza y creación de artificios, como la música, las leyes, la política, etc.

El hombre gregario está cada vez más acendrado en el mundo artificial que crea dependencias y le dificulta entender los procesos de cambio impuestos por la naturaleza, de allí el gran fenómeno de la tragedia existencial de la humanidad, aunque resulte extraño.

Venezuela y los que están adentro no pueden escapar de esa realidad, ni el mundo, pero nuestro tema es Venezuela. Cada caso tiene su propia dinámica según sus variables, Venezuela no es tampoco un caso nunca visto, solo que con sus particularidades que llamo variables. El mundo viene de la barbarie y en los tiempos de las luces sucede que los protagonistas son los mismos autores genéticos, con modificaciones sociológicas.

La cultura antes señalada y los bienes que caracterizan nuestro país lo hacen muy atractivo para la ambición de propios y extraños, si algún mérito le reconozco a los políticos desde Páez hasta el último de la llamada democracia, es que hicieron un buen trabajo para robar ellos, sin permitir que lo hicieran los de afuera, pero como podemos ver ha prevalecido un único sistema y es que el país lo dirige y administra un grupo de personas que llega al poder con maniobras inmorales y arteras. Nunca fueron personas de valores morales como el honor, sí con algunos talentos, pero sin probidad, todo lo cual puede generar una gran dialéctica, sobre si lo hicieron bien o mal, pero los resultados informan de la verdad. El látigo en la espalda se siente y se sufre aunque no se vea.

El tema medular es el cambio que los factores exógenos y endógenos imponen, en nuestro caso por una de las “creaciones sui géneris” de las ciencias teóricas venezolanas: su política.

Las consecuencias que genera como cambios esa creación política alcanza la calificación de metamorfosis, no es retórica, es una verdad que permitirá adaptación y superación en la medida que se comprenda y podrá ofrecer mejores expectativas en la medida que se cambie el sistema de dominación con ánimo de dueños de políticos sin honor, que genera tal metamorfosis, triste característica que infundieron al pueblo con su nefasto ejemplo.

Hay muchos autores de la llamada Metamorfosis Social que señalan la necesidad de cambiar paradigmas, hasta se puso de moda la frase, hace unos años. Se requiere reevaluación y restablecimiento de acciones y políticas que prometen el fortalecimiento de valores salvadores de la vida, la justicia, la paz y el progreso. Lo que podríamos equiparar en términos prácticos lo que dijera el filósofo Friedrich Nietzsche: la transmutación de valores.

Venezuela se hundió en el abismo de la barbarie y aún su pueblo no ha visto todo, los culpables están identificados y sus cómplices son los propios clientes, el pueblo, pero peor, no se vislumbra un cambio de paradigmas, por lo menos no es claro. Entiendo que los pillos inmorales de siempre con sus caras duras y sin pena alguna pretendan seguir de dueños, usufructuando lo que no les pertenece sin trabajar, pero que el pueblo siga siendo su clientela cómplice no debe ser después de lo sufrido. La metamorfosis debe haber generado otro venezolano, recordemos que El Libertador dijo: “Todo pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. Cambia o te cambian, si lo haces tú escoges, si lo hace otro pasa otra cosa.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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