Monedas de latón

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa

El cuento de las elecciones de noviembre, definitivamente, está muy mal contando. La participación de la oposición en los “comicios” mueve a las grandes mayorías nacionales entre el asco y la rabia. Donde sí existe completa coincidencia es sobre la creencia colectiva de que el evento será una charada de final inservible, que, de paso, será muy mal actuada por todos los payasos involucrados.

La gente de verdad, el país en Resistencia tiene completamente claro que, sin la posibilidad de construir un dossier real que active la ejecución de una serie de políticas públicas basadas en la reconstrucción del área de la salud nacional, una educación de calidad, el acceso a una vivienda digna, la garantía de seguridad personal, la construcción de una oferta de empleos de calidad y el disfrute de servicios públicos modernos, estamos hablando paja.

Toca ser serio: ¡sin esos elementos no hay ningún contenido de estado! Las cuatro latas vacías que se van a sortear en noviembre no acercan a la gente a ningún lado. Al final, se trata de empobrecidos distractores de lo público, premios de consolación de muy baja capacidad de respuesta política, tanto para el chavismo como para la oposición venezolana, con un pobrísimo espectro de acción.

O sea, un remedo, una caricatura muy mal dibujada, sin contenido para la realización de políticas públicas de cualquier naturaleza. Sin embargo, los otros cinco adefesios de la eterna política electorera de la oposición ya están montados en buscar timar a la gente con los sueños, posibilidades y expectativas de alcaldías y gobernaciones que ya no sirven de nada. Hablamos de puros y simples imposibles, de mentiras.

Así pues, en noviembre, solo se consolida el arreglo y los repartos de los pedazos inútiles de país que el régimen ha dejado como sobras. Que el chavismo, durante estos veintitantos años de destrucción sistemática ha convertido en basura, en burocracia sin objeto, poder y sentido alguno.

Haciendo retroceder a la descentralización de las políticas públicas en Venezuela, al sombrío tiempo negro del siglo XIX. Dejando, a la espera de la instauración del estado comunal, con algunas cosas que se pueda raspar a los que, otra vez, vendieron su alma por pocas MONEDAS DE LATÓN.

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