No a la democracia venezolana

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Sin duda, un buen título para llamar la atención y alarmar a los pocos advertidos del ejercicio de la reflexión, como método prístino de la filosofía, es decir: el amor a la sabiduría, como desagravio a la ignorancia o la fascinación por las luces que disipan desde la oscuridad del espíritu hasta las sombras de la superstición.

Es oportuna la titulación, además por la sugestión que tiene al pueblo sumido por obscena comodidad y artera dominación en un realismo mágico al estilo de aquel cuentero colombiano santanderiano.

Sugestión por la influencia que los políticos han ejercido sobre la manera de pensar y actuar del pueblo, anulando su voluntad para que haga lo que ellos digan, como si estuviera hipnotizado.

La restauración de la naturaleza original del ser humano curaría al hombre de sus males sociales y lo haría bendecido por la felicidad. Ese fue el ideal de Platón, que llegó a hacer debatir por más de 2000 años por su aparente contradicción con el sentido democrático de su insigne preceptor Sócrates, a quien realmente no contradijo con su llamado «Diálogo República».

La gran verdad a destacar, de su poco prudente posición, fue realmente advertir del carácter perverso de los demagogos que siempre se valdrían de los preceptos democráticos para concentrar el poder, rechazar la crítica y manejar la opinión pública con lo que indefectiblemente se produciría la disolución de la democracia. 

No faltó que desde entonces ya se manejara la opinión pública y como los tíos de Platón, Critias y Cármides, fueron tiranos de la Atenas posterior a la derrota en Siracusa, el sobrino debía ser desprestigiado.

Sócrates también supo oponerse abiertamente a la degeneración de la democracia por la demagogia de los inescrupulosos, indistintamente y a pesar que algunos fueran sus discípulos equivocando el sentido de su enseñanza y usando al pueblo como instrumento para sus fines personales y perversos. «El talento sin probidad es un azote».

Sócrates se apegó a las leyes atenienses como ejemplo para su propia defensa, que era la causa de la inteligencia, la razón y la deliberación. Prefirió padecer la injusticia a hacerla y profesaba la búsqueda de la verdad y el ejercicio permanente de la crítica por parte de la polis para coadyuvar ese fin.

Sócrates como defensa dijo: «Soy como el tábano que Dios ha puesto sobre esta ciudad y todo el día y en todo lugar siempre estoy yo, aguijoneándolos, despertándolos, persuadiéndolos, reprochándolos. No encontraréis fácilmente alguien como yo, y por eso os aconsejo absolverme … Si me lleváis precipitadamente a la muerte, entonces habréis de permanecer dormidos durante el resto de vuestra vida a menos de que Dios se apiade y os envíe otro tábano».

La más conspicua prueba de respeto a la democracia es morir por la libertad, el saber, la razón, la verdad y la crítica.

Quien imagine que se puede aprender a conducir un vehículo empíricamente es probable que llegue a lograrlo, pero luego de chocar muchas veces con los consecuentes daños, unos más graves que otros. Hacer lo propio con un país ocasiona, sin dudas, los mismos resultados: un país chocado con daños a cuál más grave.

Los demagogos existen por sus abyectas clientelas y gobiernan con mentiras y eso es posible por la ignorancia inducida y sostenida en el pueblo.

Muchos grandes hombres como los citados, Bolívar y su maestro Rodríguez, por terminar con nuestros próceres, lo advirtieron, por lo que no puede seguirse engañando al pueblo con la democracia que nunca existió en Venezuela, ni la habrá mientras no se formen los ciudadanos para tan difícil aspiración. 

¿Elecciones trasparentes?, ¿con qué políticos y con qué pueblo? En Venezuela será una falacia hasta que se asuma aquel discurso ante el Congreso de Angostura.

La transparencia referida constituye en realidad la claridad del control aceptable sobre los resultados, solo hasta entonces existirá transparencia para sus pregoneros, tal como fue por los últimos 60 años.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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