No existe

Editorial / Venezuela RED Inormativa

El espacio “compartido” por las porquerías binacionales hace de la Trocha de la Parada/Cúcuta/San Antonio del Táchira una bomba biológica con la mecha siempre encendida. La puerta de emergencia para el holocausto venezolano se ha convertido en una cloaca de virus, enfermedades, miedo y muerte.

Esta tierra de “alguien”, que serpentea a través de varias rutas hasta que finalmente atraviesa el Rio Táchira, es la frontera viva que une al Norte de Santander colombiano con el Estado Táchira venezolano. Hace apenas un par de décadas atrás, esa misma zona era considerada como el límite binacional de mayor tránsito humano y de mercancías de todo el Hemisferio Occidental.

Hoy, en cambio, NO EXISTE. Es solo un secreto bien guardado. Apenas un camino por donde se arrastra la Venezuela menesterosa. Una especie de “Sendero de Ho-Chi-Ming”, que trata de aliviar la miseria venezolana en su propósito de huir o de regresar al país. Pero que no es “atendido” por el Vietcong, ni por el ejército regular de la antigua Vietnam del Norte.

Acá, en los Andes venezolanos, la Trocha se encuentra bajo la figura de propiedad vertical del Tren de Aragua, por la parte venezolana, y del ELM, por el lado colombiano. Par de “instituciones” profundamente conectadas con los bajos fondos mundiales. Ambas dedicadas por igual al pillaje, el robo, el secuestro, la extorción y cualquier otra actividad chueca que nos podamos imaginar.

Totalmente “papeleada”. La Trocha es otra de las muchas “industrias sin chimeneas” que ha desarrollado con tanto éxito la porquería del siglo XXI, en tiempos de Revolución. Un Join-Venture altamente productivo entre los malos y los echados a perder del mundo de la izquierda lucrativa, que cumple con la importante misión de dar trabajo y sustento, a cientos de malvivientes conectados con el estado venezolano. Una de las más notorias experiencias del crimen organizado, construido desde lo más profundo del gobierno bolivariano.

Así, una parte del país empobrecido camina y hasta se muere en la Trocha sin que ninguna autoridad sanitaria haga el más mínimo esfuerzo por atender.

Es que, si lo hicieran, ya la Trocha NO sería un secreto a voces. ¡Capaz que hasta la “reconocerían”! Y “eso” para ambos países, NO EXISTE.

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