No hay nada de que hablar

Pablo Medina / Aquí Venezuela

A Mr. Biden, en estos días, no le sale gente ni para montar una polla de domino. Iván Duque también se le soltó. Lógico: es vecino, y le toca oír los escándalos que se arman del otro lado. Tampoco se traga el arroz con mango que están cocinando en México.

Al presidente Duque no le faltan razones para desconfiar. Él sabe, como sabemos muchos, que de México solo saldrán buenos negocios para compartir entre las bandas que viven de la política en Venezuela, y algunos nuevos intentos de echarnos polvitos de idiotez en los ojos para que nos creamos que “vamos bien”.

El presidente Duque exige, para aflojar las sanciones sobre Caracas, que se celebren elecciones presidenciales limpias, transparentes y bajo supervisión internacional. Que no se siga jugando a la pelota con las libertades personales y colectivas del venezolano, y que se desmantelen las organizaciones criminales que son auspiciadas desde Miraflores.
Por eso, para el presidente Iván Duque, si no hay avances significativos en esa dirección, entonces NO HAY NADA DE QUE HABLAR.

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