No olvidar

Editorial / Venezuela RED Informativa

A ratos se olvida que Chávez fue barrido en el referéndum revocatorio de 2004. Y que, a cuenta de una diablura del sistema de votación “más perfecto” del mundo, un sencillo algoritmo matemático que le daba por mutar cada tantos NO por otros tantos SÍ a favor de la casa, cambió los resultados.

Que la Coordinadora Democrática, la madre de la MUD, no pasó más allá de las marchas, megamarchas y marchitas por todo el país, y de cientos de discursos vacíos y altisonantes para “calentar” la calle.

A ratos se olvida que Manuel Rosales, aunque parezca un chiste, le ganó con votos al mismísimo intergaláctico. Y que, tras la “derrota”, se sacaron explicaciones de donde NO las había, para entender qué fue lo que pasó.

A ratos se olvida que Capriles superó en votos, por más de 700 mil, a un Chávez moribundo. Y que, a menos de un año después, el caudal real de la oposición frente al gobierno en las primeras “elecciones” contra el señor Maduro lo superó en millón y medio de votos.

Pero Capriles “dejó eso así”. Como si “aquello” fuera suyo y no la decisión sagrada de un pueblo en avalancha que votó por él, en contra de la porquería del siglo XXI con la nariz tapada, con tal de deshacernos de estos hampones.

A ratos se olvida que, en época de Borges, nos convocamos en un Referendo Consultivo. Que, en parques, canchas, avenidas, a cielo abierto y en cuanto rincón del mundo hubiera un grupo de venezolanos, nos trazamos una ruta sin retorno y un camino sin final hasta salir de “estos”.

A ratos se olvida que en 2018 el régimen, que ya arrastraba otro periodo fraudulento más, se “midió” con el sargento Falcón, al cual “venció” contando más de nueve millones de votos que aparecieron entre calles vacías y centros electorales desiertos a todo lo largo y ancho de un país en abstención.

Así pues, DISCULPEN: toca NO OLVIDAR que tanto los “unos” como los “otros” asesinaron a muchas manos cualquier remoto tipo de posibilidad de arreglo pacífico, electoral y democrático en este país.

La una vez “más sólida democracia de América Latina” hoy está muerta. Y con ninguno de los dos bandos es posible revivirla.

Cualquier otra propuesta de salida a este “asunto” que no sea por las malas, o es un acto de complicidad asquerosa con los malos y con el mal, o producto de la más rotunda imbecilidad.

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