Nuevo año escolar en Venezuela arranca con salario mínimo que no cubre caja de 12 creyones

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

Un salario mínimo es insuficiente para comprar una caja de 12 lápices o creyones. El nuevo año escolar arrancará en Venezuela este lunes 16 de septiembre entre la acelerada depreciación de la moneda y la hiperinflación, asignaturas pendientes en la crisis del país.

“Todo está carísimo”, es el lamento en coro en todas partes. La gente anota ASUSTADA en una hoja los precios de cuadernos, lápices y otros materiales escolares que necesitan para sus hijos o nietos.

Es una carrera contra las agujas del reloj con precios que aumentan vorazmente, mientras el valor de nuestros ingresos en bolívares se diluyen como agua con sal. Solo adquirir 5 cuadernos, hace 5 días costaba en el Sur de Caracas Bs. 400.000, diez veces más que un salario mínimo o una pensión del IVSS.

La moneda venezolana está sufriendo de manera alarmante una enorme depreciación y ¡por día! desde hace 3 meses, saltando de una cotización oficial de 6.721,56 por dólar a 21.555,41 bolívares.

Y la inflación galopa, estimada en 1.000.000% por el FMI para 2019.
Estos fenómenos seguirán profundizándose en un entorno “volátil”, considera el economista Jesús Casique, director de la firma Capital Market Finance. Por ello, “el salario real está pulverizado”, dijo a la AFP.

El salario mínimo en Venezuela equivale a unos 1,40 dólares mensuales, bajo el límite de ingresos diarios establecido por la ONU como umbral de pobreza. Al sueldo se agrega un bono de alimentación de 1,2 dólares.

Pegamento o sacapuntas eran “cositas”, hasta hace no mucho, “tan fáciles de comprar”, ya nos asusta cuando vamos a una librería o a una “feria escolar” en plazas y avenidas.

Según proyecta la consultora Ecoanalítica, el consumo retrocederá un 40% en Venezuela en 2019.

El gobierno aumentó en febrero los fondos que la banca debe respaldar en el Banco Central ,restringiéndose el crédito y flexibilizó condiciones para acceder a divisas en el control de cambio vigente en Venezuela desde 2003. Ello desaceleró en principio la inflación y la depreciación del bolívar, pero estas vuelven a ganar velocidad.

Fue “coyuntural”, expresa Casique, quien considera improbable que la economía venezolana, encaminada a su sexto año de recesión (lo que califica de “depresión”), apruebe sus materias pendientes.

El economista identifica como raíz del problema la emisión de dinero para financiar un déficit fiscal que proyecta entre 12 y 14% del PIB este año, en medio de un abrupto retroceso de la producción de crudo -fuente de 97% de los ingresos del país- y sanciones de Washington contra Venezuela y su petrolera PDVSA.

La destrucción del salario mínimo es tal que perdió peso como referencia en el sector privado.

La señora Royner gana tres salarios mínimos semanales. Aún así eso “no alcanza” para cubrir las necesidades de su hogar en la barriada popular de Petare.(Municipio Sucre, este de Caracas) “No soy pichirre (tacaña)”, comenta Elba Seijas, quien compra el uniforme del niño de nueve años que cría.

Es hijo de una amiga que emigró, quien envía dinero para costear gastos. Unos 3,6 millones de venezolanos han dejado su país desde 2016 huyendo de la crisis, según la ONU. (En verdad son más de 4 millones 500 mil venezolanos, que pueden sobrepasar la cifra de 5.600.000 para finales de diciembre 2019. Sin esas remesas, pagar los implementos escolares “sería imposible”, se sincera Elba, trabajadora social de 47 años.

A consecuencia del éxodo migratorio, más de 3.000 millones de dólares anuales entran a Venezuela por remesas, según estimaciones independientes. A la vez, ante la violenta depreciación del bolívar, es habitual que los venezolanos compren dólares en un mercado negro formado a la par del control cambiario para resguardarse, una demanda que empuja al alza las cotizaciones. Pero la inflación es más agresiva que la depreciación del bolívar. Así, el poder de compra del dólar en Venezuela, según Ecoanalítica, cayó más de 10 veces en 2018.

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