Palabra de honor

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Se regocija el espíritu con la historia del coronel mejicano Carlos Fuero, cuando ocurrió la caída de Querétaro y fue apresado y condenado a muerte el General Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor del Ejército de Maximiliano Zapata.

Cuando era un niño escuché mucho la expresión de mis padres y de otras personas ‘palabra de honor”, pero vi cómo en la sociedad paulatinamente se dibujaba con los años hasta casi desaparecer.

El honor se encuentra poco porque es muy caro, muchos quisieron mantenerlo, pero pocos están dispuestos a pagar su precio. La gran tragedia nacional deriva de ser una sociedad sin honor.

Es, ese virtuoso sentimiento como convicción de vida, el sustrato insoslayable de la justicia: la justicia el fin del derecho y el derecho el acuerdo social para la paz. De allí que sin honor no habrá justicia y sin justicia no habrá paz, por eso, la triste condena de una sociedad sin honor es no alcanzar la paz y vivir en un negociado permanente por proteger la integridad física y la de sus bienes.

Fracasaron las aspiraciones de El Libertador al pedir a los diputados leyes inexorables, cuyo imperio hiciera triunfar la igualdad y la libertad, como méritos del honor.

En honor a la verdad, ella calla cuando habla el dinero y el honor consiste en callar al dinero para que hable la verdad. En el derecho la verdad, como hecho de la realidad, constituye el fundamento prístino de la justicia y la razón y objeto de todo juicio y quienes dicen del derecho no la consiguen por la interferencia auditiva, por lo que somos una sociedad condenada a la injusticia.

Venezuela ha sido un país con un siglo XIX de guerras, que en su primer cuarto nos trajo la libertad para la cual no estábamos preparados, por lo que la opresión cambió de manos. Luego medio siglo XX de esfuerzos por crear una República y otro medio siglo para destruirla con mentiras y egoísmo. El siglo XXI ha sido el sepelio ignominioso de bandidaje de los sepultureros más arteros y oprobiosos, donde solo ha prevalecido los antivalores como atributos del deshonor.

Todos los tiempos están signados por variables que van desde el honor más acendrado como conducta que rige la vida que construyó el país, al deshonor como práctica cultural que lo destruyó todo.

Reconstruir la República, en cualquiera de sus acepciones, implica como tarea implícita hacer las refracciones necesarias para la viabilidad de acuerdo a su objeto existencial.

La República ha sido diseñada y descrita muchas veces y, aunque con variantes, siempre han coincidido como común denominador las llamadas virtudes republicanas. El Libertador llamó a la justicia la reina de ella y yo llamo al honor el alma de ella.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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