«Papá, ¿te traigo la bolsa?»

El Francotirador / Venezuela RED Informativa

Desde que Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela, e instaló la prolongación de una dictadura comunista y totalitaria que hoy conduce su dilecto heredero, Nicolás Maduro, la Guardia Nacional Bolivariana se convirtió en lo que para Adolfo Hitler fue la SS. Esa organización que llegó a tener más poder que el ejército alemán (la Wehrmacht), porque era la que verdaderamente se ocupaba del exterminio de los enemigos del tercer Reich por vías perversas, en los campos de concentración o donde allanaran la vida del día o de la noche de aquellos que buscaban esconderse o escapar de El Ángel de la muerte.

Desde entonces, en estas dos décadas de posicionamiento dictatorial en Venezuela, no hubo ni ha habido manifestación o detención de opositores, donde la Guardia Nacional Bolivariana no hiciera y hace uso de su poder de crueldad y criminalidad adquirido y aprendido por un genio del mal. El general cubano Ramírez Valdés, había sido el artífice y maestro de haber transformado a la Guardia Nacional como a todos los servicios de inteligencia adscritos a las Fuerzas Armadas Bolivarianas en un sistema delictivo y criminal, nunca antes visto en su complejidad estructural en la historia de Venezuela, con la que se pulverizó su insignia fundacional de la cual había sido orgullo de su pasado: El honor es su divisa.

De esa manera la dictadura cubana aseguró su poder dentro de Venezuela en todas las instituciones del Estado, hasta hacerlo desaparecer a su favor. Es decir, Venezuela es una anexión de la dictadura cubana y la de su estado totalitario y expansionista. De hecho, en vida, el mismo Hugo Chávez pregonaba a Fidel Castro como gobernante supremo de Venezuela, en una especie de delirio y locura donde llegó al extremo de comprometer el sojuzgamiento de su propia personalidad disociada que lo llevó a la muerte con la aparición de un misterioso cáncer en su organismo, por el cual fue persuadido por el mismo Fidel Castro a intervenirse en el más sofisticado hospital militar de Cuba, el cual no se vio en la necesidad de emitir una partida de defunción del infeliz dictador de la colonia de Venezuela.

La corrompida perversión de la Guardia Nacional Bolivariana, no sólo se ejecuta desde su interior y hacia fuera de la sociedad, sino que los funcionarios activos y jubilados tienen el derecho de transferir el sistema del horror institucional en el que se han entrenado, a sus propios hogares y comprometer y reclutar en la actividad perversa a los miembros de su propia familia. Es el caso del ex sargento de la Guardia Nacional Yesemin Linares, quien detiene a un joven que inculpa de haberle sustraído algunas piezas de su automóvil, y posteriormente se lo lleva secuestrado a su casa. Allí comienza a torturarlo mientras su esposa graba las acciones de tortura que inflige su marido al joven. Sorpresivamente, se oye la voz de un niño de la pareja que le pregunta a su padre si le trae la bolsa, con la cual el ex sargento somete a la víctima a la asfixia, llevándolo a la orilla de la muerte. El joven logra sobrevivir, pero teme denunciar a su torturador. Su cuadro clínico es tan grave que finalmente las autoridades se enteran de lo ocurrido.

Lo curioso del macabro hecho, son una serie de preguntas que se desprenden del mismo suceso. ¿Por qué el video de la esposa se hizo público justo cuando el Fiscal de la República Bolivariana de Venezuela necesitaba lavar la cara de la dictadura de Venezuela ante la Corte Penal internacional? ¿Por qué el sargento es detenido? (¿Pero no por el CICPC sino por miembros del comando de la Guardia Nacional Bolivariana adonde antes pertenecía? ¿Por qué la exposición pública de los protagonistas del hecho aberrante se hace con una fotografía donde se oculta parte del rostro de los dos implicados, pero con una cartelera a sus espaldas, donde se identifica el nombre del comando de la Guardia Nacional a quien se le delegó el caso en su primera instancia de investigación? Si hubieran sido presos políticos, los rostros de éstos no se hubiesen ocultados.

Si la comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y de la misma Corte Penal Internacional hubieran querido venir a investigar lo que verdaderamente sucedió, no hubiese sido totalmente posible hacerlo, porque el ex sargento de la Guardia Nacional Bolivariana se había quitado la vida en su celda y la esposa de éste se le había dado libertad provisional. Entonces, otra pregunta, ¿realmente consta que el Guardia Nacional se quitó la vida o fue usado para un plan mayor que éste ignoraba al desaparecerlo? La pregunta que hace el niño revela que no era la primera vez que el Guardia Nacional llevaba a su hogar una víctima para torturarla. Sobre todo, cuando estuvo activo en su función militar y el niño pudo aprender en el interior del hogar lo que se necesita para una tortura, como la bolsa de plástico para asfixiar al prisionero las veces que el padre traía a alguno.

La actuación inexplicable del Fiscal de la República Bolivariana de Venezuela ante el manejo y conducción de este caso, donde pareciera prosperar intereses mayores que comprometen al gobierno de Nicolás Maduro, se acrecienta al analizar más el acontecimiento que parece un caso policial aislado de los crímenes de Lesa Humanidad que se cometen en Venezuela. Como la enmarañada trama que no sabe explicar el Fiscal, al pensar en quién divulgó el video de la tortura en las redes sociales, y la manera natural e inocente en que el niño le preguntó a su padre, el torturador: «¿Papá te traigo la bolsa?».

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