Para Pedro Mena: Adiós a un extraordinario e inolvidable amigo (+Video)

Yolanda Medina C. / Venezuela RED Informativa

La pérdida de un amigo es un dolor muy íntimo. Uno percibe que se va parte de tu vida y, aún no siendo sangre de tu sangre, se percibe que se ha perdido un familiar. Esto es lo que he sentido, y sigo sintiendo, especialmente hoy domingo, cuando se cumplen 8 días del inicio del viaje a la eternidad de mi inolvidable amigo Pedro Mena, uno de los líderes más carismáticos de la comunidad venezolana y latinoamericana en la Florida que he conocido.

Debo confesar que admiré a Pedro por su peculiar estilo de hacer política, era un hombre democrático, un verdadero líder, sabía delegar, escuchar. Amante de la unidad, le gustaba trabajar en grupo, resolver conflictos; y algo muy importante: era enemigo de la chismografía. Cuando se conversaba con él había que ser claro y preciso al hablar, no le gustaban los rodeos. Me enseñó que en política no deben privar las emociones sino la lógica. “Yolandita, hay que pensar con la cabeza, en estos menesteres no valen los sentimientos”, me recalcaba cuando me veía molesta por los comentarios negativos que le hacían sus contrincantes políticos.

Lo conocí en 2009 en actividades políticas en Miami. Luego en 2011, cuando se creó la directiva de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Pedro fue elegido como secretario general por unánime aclamación popular, y uno de sus primeros nombramientos para conformar su equipo de trabajo recayó en mi persona como jefe de prensa. A partir de entonces, tuve la oportunidad de tener un significativo acercamiento. Funcionábamos como una llave y, por ende, se estrecharon los lazos de nuestra invaluable amistad.

Sus irrefutables aptitudes de liderazgo los demostró en las distintas circunstancias de la vida en las que le tocó participar. Entre sus geniales estrategias viene a mi memoria el operativo que organizó con el concurso de un eficiente equipo humano para conducir una inédita movilización de miles de venezolanos al estado de Luisiana para que ejercieran su derecho al voto en las elecciones presidenciales de miles de connacionales de Miami a New Orleans “No existen antecedentes en la historia de la humanidad. Los venezolanos, todos sin distingos, escribimos en letra de oro, una de las páginas más bellas de nuestra lucha común por alcanzar nuestra libertad y democracia. Todos debemos sentirnos felices por el alto grado de participación. No solamente los 8.500 que votaron, sino los cerca de 20 mil que viajaron en muestra de solidaridad y respeto a una gesta libertadora, por la vía democrática. Nunca olvidaremos ese 7 de octubre de 2012. Fecha en que le demostramos al mundo nuestra dignidad y orgullo venezolano”, expresaba complacido a los medios de comunicación cuando lo entrevistaron.

En su Venezuela natal, Pedro Mena se destacó también como parlamentario, abogado y periodista. Ya residenciado en Estados Unidos con su familia se le presentó la oportunidad de hacer realidad unos de los sueños americanos: se graduó de una Maestría en Ciencias de la Educación en Nova University. Fue miembro del Hispanic Board Advisor. Posteriormente la universidad lo contrató como coordinador del International Teacher Education Program, en las ciudades de Davie, Kendal y Miramar, donde trabajó hasta su partida a la eternidad el pasado domingo16 de agosto de 2020, al perder su batalla contra el temible covid-19. Gracias a su trabajo promocional, a su profesionalismo, muchos venezolanos nos entusiasmamos para cursar su misma maestría. Definitivamente Nova ha perdido un gran baluarte.

Reitero que su destacada actuación en la arena política, su incansable lucha contra la tiranía chavista-madurista evidenció su intenso amor por su amada Venezuela. Fue un hombre culto, honesto. Su humildad, generosidad, sinceridad, su apego al respeto, todo el tiempo con su sonrisa jovial a flor de labios irradiando alegría lo convirtieron en un ser humano especial, un hombre fuera de serie. Sus sólidos principios morales, éticos y religiosos fueron su principal estandarte.

Pedro fue también un extraordinario esposo, padre ejemplar, hijo, hermano y amigo. Lo afirmo porque estuve muy ligada a su ninfa Rosa Domínguez, compañera de estudios del doctorado, y a sus amados hijos Edward, Edwin y Stephani. Muchas veces nos invitó a mis hermanos Luis Alberto, Pablo y al primo Nacho Izcaray a compartir sus tertulias familiares y fiestas decembrinas.

Decir adiós a una persona tan amiga, es muy difícil, mucho más si uno comienza a descubrir en cada conversación con sus allegados más y más motivos para confirmar su extraordinaria calidad humana, su desinterés a la hora de hacer el bien, su disposición a dar ánimo, su ímpetu para socorrer, su sentido del humor para disipar tensiones. Solo el tiempo podrá convertir este triste adiós que pronunciamos hoy en un eterno hasta luego. Dios quiso que fueras así, has dejado honda huella entre nosotros. Gracias por tus enseñanzas, tu confianza, apoyo y solidaridad que siempre me demostraste. Ese es tu legado que conservaré en mi corazón.

Querido e inolvidable Pedro, permíteme decirte adiós como te mereces. La tristeza es enorme, profunda, pero mi corazón se siente tranquilo porque nuestra amistad fue verdadera. Desde que alzaste el vuelo, oro por el eterno descanso de tu alma y para que brille para ti la luz perpetua. Amén.

Espléndido anfitrión, excelente líder político, maravilloso padre, entrañable amigo… Vuela alto querido Pedro…

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