¡Para que nos entendamos!

Editorial / Venezuela RED Informativa

La ignorancia no tiene pudor ni vergüenza. En las extrañas exequias del nuevo difunto de la revolución, el señor Maduro compara el alma de Aristóbulo con la de Simón Rodríguez, el épico “maestro” del Libertador.

Aquel personaje cantinflérico que, cuenta la leyenda, le dio por subirle dos a la ya muy exaltada personalidad del joven Simón. El mismo que intoxicó años después al Libertador, ya enrollado bastante por el espíritu de su época, y que luego el gobierno de la Gran Colombia no supo nunca qué hacer con él.

Así, a la muerte de Bolívar, que “coincide” con el desastre nacional de lo que resta del siglo XIX venezolano, Rodríguez dio tumbos y más tumbos. Se topó con Manuela Sáenz, otra loca de carretera, y tuvo que ver con buena parte de la corte de chiflados que acompañaban al Libertador por donde este se movía cuando estaba vivo.

A Rodríguez el siglo XIX se lo tragó. A él y a cientos más, que desaparecieron en la historia no escrita de un país que estuvo prendido en fuego por los cuatro costados por casi 100 años, al borde de su propia desaparición.

Ya en el siglo XX, gracias a los mitos post gomeros y al reconcomio de los adecos, que estaban en su momento de también reescribir la historia, salió otra vez a flote. Hombres como Rodríguez o Manuel Piar, por ejemplo, disfuncionales en sus momentos, se transformaron en “reformadores”; hasta terminar en las manos del ignorante de Hugo Chávez, que los elevó al altar de las “misiones”.

Por eso, y PARA QUE NOS ENTANDAMOS: Aristóbulo no fue ningún gran educador. Ni emuló a nadie ni del pasado ni del presente en el sacerdocio de la docencia. Aristóbulo Istúriz solo fue un vulgar ladrón. Un ladrón vestido de sindicalista tracalero, vendido y esquirol sin ningún escrúpulo, que pisoteó y limpió el piso con el magisterio venezolano. Arruinando a cientos de miles de maestros, que dejaron sus vidas en las aulas de clases de nuestro país.

PARA QUE NOS ENTENDAMOS: Aristóbulo fue solo un bandido más, en esta desgracia nacional. Fue también gobernador de un Estado al cual saqueó, además de haber sido otro de los tantos alcaldes fallidos de este país.

PARA QUE NOS ENTENDAMOS: Su “importancia” nacional, de tenerla más allá de estas pocas líneas, consistió en jalarle bien jaladas las bolas a Hugo Chávez. Ponerse del lado “conveniente” en la Charada del Golpe de Abril de 2002 y, por encima de cualquier otra característica: ¡Ser un perfecto miserable! ¡PARA QUE NOS ENTENDAMOS!

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