Payasos

Editorial / Venezuela RED Informativa

El mequetrefe de Rafael Lacava, que con dificultad sabe amarrarse los zapatos, no es una excentricidad de la política venezolana. Él representa la expresión más acabada de lo inservible y patético, de un régimen incapaz de producir algo más que gobernadores que se disfracen de Drácula.

Un carnaval sórdido de individuos desconectados de la realidad por el abuso de las drogas, el alcohol y las parrandas, es el sello inconfundible de la porquería del siglo XXI.

¡”Eso” es lo que hay!

Escapado cien veces de los Hogares Crea del Padre Rivolta, Lacava y su banda vienen saqueando al país desde su época como alcalde de Puerto Cabello. Sus maromas con los consorcios italianos que construían el tramo ferroviario Puerto Cabello-La Encrucijada. Y su paseo triunfal como cónsul de Venezuela en alguna ciudad italiana de su gusto.

Pero él es solo uno más de una larga lista. Docenas más de infelices, que en un país de verdad no habrían pasado de ser choferes honorarios del Aseo Urbano, componen el club de los buenos para nada que pretenden desempeñar el papel de gobernantes.

Por el otro lado, también hay quienes se pintan los labios y cantan a dúo con algún cantante de moda, para “endulzar” la cuarentena. ¡Popy, Semillita y Cepillín eran gente más seria!

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