¿Por qué votar por Donald Trump?

Pablo Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa

Trasladando el pasado al presente, si la elección fuera entre John Kennedy y Richard Nixon, y yo fuera ciudadano estadounidense, sin duda alguna, votaría por Kennedy el candidato del partido demócrata y de fe católico que, siendo presidente, según algunos entendidos, se topó con el Nuevo Orden Mundial. En el momento actual, si yo fuera estadounidense votaría por el candidato del partido Republicano Donald Trump, quien es cristiano y consciente de lo que significa este monstruo del Nuevo Orden Mundial.

El Nuevo Orden Mundial (NOM) es el centro de gravitación internacional y, todos los habitantes, de la faz de la tierra deberían comprender la dimensión del drama espiritual, en la cual, se halla inmersa la humanidad. Con esta ideología está en peligro los valores cristianos, el creer o negar la existencia de Dios, de Jesús como su unigénito hijo, así como los valores en la vida familiar y del individuo. El candidato Joe Biden simboliza los antivalores, y quienes lo acompañan en esa visión diabólica. 

Esta desgracia desde algunos siglos ha venido echando raíces y apoderándose del planeta tierra, a través de gente muy poderosa, amos de bancos, del comercio y tecnologías, universidades, la cultural y la moda, así como la elaboración de las vacunas y han proyectado llevar a cabo el sueño de Thomas Malthus de reducir la población mundial por diferentes medios restrictivos.

En este sentido, Donald Trump ha denunciado a esa estructura del mal reflejo de un poderío siniestro, como lo hizo en su momento, John F. Kennedy motivo que pudo haber sido la causa de su muerte, según señalan investigadores de tan horrendo crimen. Y ahora observamos que no es casual la violencia en EE.UU. en medio de la Pandemia y las consideraciones que han aparecido y publicado sobre la seguridad del presidente Trump.  

Contra ese poder omnímodo el Gran Pontífice de los pueblos San Juan Pablo II libró la batalla del Jubileo y la deuda externa en los años finales del siglo 20. Consideraba que debía abolir o reducir en forma significativa el peso de las deudas externas, en los sufridos países del tercer mundo.  Conocía de las injustas alzas de las tasas de interés por parte de los bancos internacionales y la corrupción para adquirirlas. Quería entrar al nuevo siglo XXI aplicando la ley de Moisés.

Dios me dio la oportunidad de entrevistarme con el Papa Juan Pablo II, durante 10 minutos, donde le informé a nombre del Parlamento Latinoamericano nuestro propósito en acompañarlo en su intensa actividad del Jubileo. Teníamos un plan internacional, nos deseó buena suerte y el Vaticano envió su documento, en el gran evento que llevamos a cabo en 1997. Luego me correspondió en 1998, acompañado del diputado Humberto Celli, en la Unión Interparlamentaria Mundial de Namibia, África, inaugurar el debate sobre la deuda externa.

Pero el inmenso poder del establecido Nuevo Orden Mundial, el que ahora enfrentamos conjuntamente con el presidente Trump a la cabeza, ese mismo Orden obstaculizó todas las posibilidades de quitarle de encima a Venezuela la deuda externa.

 La Asamblea Constituyente del año de 1999, fue la gran oportunidad que tuvimos para realizar esa jornada de justicia y eliminar la deuda externa, primero en Venezuela; y, después en otros países, pero no se dio porque el presidente Hugo Chávez se rindió y no aceptó, aun cuando teníamos toda la documentación legal, la fuerza espiritual y política del Papa, los parlamentos del mundo.

Cuando en esa Asamblea Constituyente presenté el documento original que había firmado el gobierno de Jaime Lusinchi y el representante de los acreedores, de los 540 bancos internacionales, Chávez se negó a que la Constituyente discutiera y aprobara una sentencia donde se demostraba con documentos originales de la Republica que Venezuela no era deudora de los 540 bancos internacionales. Chávez traicionó una vez más a Venezuela. Meses después me enteré que George Soros y los banqueros prófugos, Fidel Castro y otros lo habían financiado como candidato.

Lo que he escrito es una experiencia personal de cuando fui diputado de la Asamblea Constituyente. Experiencia que me sirve de referencia para visualizar los monstruos que enfrentamos e invitar a todos los votantes venezolanos y los hispanos en general a que voten con alegría por la reelección de Donald Trump. Él está muy capacitado para asumir la empresa de liberación del continente, Venezuela, Cuba y Nicaragua; y, con Jesús, el hijo de Dios como nuestro jefe. Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

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