Qué diría hoy el Libertador a los venezolanos

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Sin duda, no tendría que decir nada nuevo, todo lo escribió afortunadamente y ahora lo recordaremos.

Quizás por agregar algo más diría: cumplan la Constitución que tienen porque es la vigente, que en su Preámbulo hace una invocación al ejemplo histórico que les di, haciendo alusión a mi persona con un pronombre posesivo, “nuestro Libertador”, en concordancia con su artículo primero que declara fundar sus valores republicanos en la doctrina que les legué en tantas constituciones, proclamas, discursos y manifiestos, en el marco de una Venezuela libre de toda opresión extranjera.

Por tanto, deben recordar y considerar de esos, mis escritos lo siguiente:

“Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder, el pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

Tanto tiempo a un ciudadano en el poder, siendo un comunista que cual plaga todo lo devasta y con tiranía esclaviza, como ya lo ha experimentado y sufrido Venezuela, con su variante oprobiosa de complicidad con el crimen internacional organizado abierta y públicamente es, sin duda, altamente peligroso.

Como ven, sufrimos la tiranía y usurpación. El Libertador no tiene nada nuevo que decir.

“El pueblo se acostumbra a obedecer”. Hoy llaman ese fenómeno psicosocial, Síndrome de Estocolmo, cuando de manera insólita hay personas que hasta sienten compasión porque se les imponga justicia a quienes lo secuestran y bailan mientras asesinan a sus hermanos y les imponen toda clase de barbarismos.

“. Y él a mandarlos”. ¿Quién no ha visto o conocido por referencia las llamadas mieles del poder? Para el pueblo llano, que quizás no imagina como es esa vida en el poder, les digo, es como los cuentos de las mil y una noche, es como vivir en el Jardín del Edén. Solo la más atrevida fantasía podría describir lo que viven quienes usurpan el poder, concupiscentes, ahogados en toda clase de infames vicios y excesos, pero con los dineros del pueblo y con los recursos del Estado.

El Barbarazo sin pena llora y dice que no lo sacarán del poder y pide públicamente al Papa que lo ayude y evite la justicia que ha de apresarlo. A su hermano comunista Guterres, Secretario General de la ONU, le pide que intervenga para evitar la acción de los EEUU y como hijo de Putin le pide que negocie a su favor a cambio de lo que pida de Venezuela. ¿Ven el poder que ejerce sobre un ignaro, acostumbrarse al poder?

Vean todo lo que mueve el noble hecho de que alguien se apiade del dolor de un pueblo inerme y se actúe por justicia y seguridad hemisférica.

La lloradera sin ningún tipo de vergüenza corresponde a una vieja costumbre, doctrina liberalista que pretendía la impunidad e indulgencia a favor de los crímenes políticos y de lesa patria.

Por lo que, en su Manifiesto de Cartagena, Bolívar dice: “Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón y a cada perdón sucede otra conspiración que se volvía a perdonar”. La llamó clemencia criminal.

¿Es que seguiremos perdonando la traición de los políticos a quienes el pueblo inocentemente otorgó el poder para atender los asuntos de Estado, y han vivido de diálogo en diálogo, de acuerdo en acuerdo, pero siempre a favor de ellos y de espaldas a ese pueblo que, siendo soberano, no es parte de nada, solo receptáculo de mentiras y maniobras oprobiosas?

“Cuando la tiranía se hace ley, la rebelión es un deber”. El artículo 333 constitucional declara que no perderá su vigencia si dejara de observarse, en caso contrario, impone a todo ciudadano el deber de restablecer su vigencia con cualquier medio permitido, por cuanto el constituyente no hizo especificaciones y “donde no diferencia el legislador, no es dado en posibilidad diferenciar al intérprete”.

Al tiempo que el artículo 350 ejusdem declara la fidelidad del pueblo a su tradición republicana, antes citada en su Preámbulo y artículo 1, y manda a desconocer la usurpación, la tiranía y barbarie que nos han impuesto por voluntad del autócrata traidor.

Finalmente, ya a siete días de morir nos pidió: “Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la unión, los ciudadanos obedeciendo al actual gobierno para liberarnos de la anarquía, los ministros del santuario elevando sus oraciones al cielo y los militares empleando su espada para defender las garantías sociales”.

Nótese que el actual gobierno, al cual se refiere Bolívar, no es el usurpador y que el deber de los militares es defender al pueblo.

Cumplimos la Constitución conforme han pedido, “dentro de ella todo, fuera de ella nada”.

Debemos permitir que el Padre de la Patria baje tranquilo al sepulcro. Venezuela libre otra vez en obsequio a la gloria de El Libertador.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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