¿Quién sabe?

Editorial / Venezuela RED Informativa

La primera payasada electoral en la lista de diciembre terminó conforme a lo esperado. Una increíblemente grande masa de votantes inexistentes, muertos y duendes reafirmaron su invariable compromiso con la siempre invicta porquería del siglo XXI.

La segunda resultó ser aún mucho más patética. Otra cifra importante de posibles y hasta de probables votantes reales, vencidos por la desesperación del vacío de liderazgo nacional, bajaron complicadísimas aplicaciones para decirle a no-se-sabe-a-quién que no querían, pero ni un poquito, que el señor Maduro y sus bandas continuaran destruyendo a Venezuela.

Bajo el paraguas de una tecnología sobredimensionada, para tan solo marcar a lo sumo tres SÍ o tres NO, atraparon la atención de los penúltimos pendejos de un país huérfano de dolientes.

Nos obligamos a recordar: siempre quedarán los últimos en enterarse que han sido víctimas simples de un engaño sostenido y mantenido, por cuenta y pago de una oposición cómplice y tarifada, dedicada a la tarea de arreglarse con el gobierno, a todo lo largo de más de dos décadas.

Y, en ese contexto casi que de escolares, Juan Guaidó suelta la amenaza: “Quien no crea en la presidencia de la transición, le hace el juego al gobierno”.

Ya conocemos la máxima del Corán: “Alá es el único Dios y Mahoma su Profeta” 

¡Fundamentalismo a lo Leopoldo López!

Otro personaje de la picaresca criolla, del cual en este momento más de la mitad del país empieza a sospechar de la veracidad que aquella foto suya arremangado en las rejas de su celda en Ramo Verde. O de aquella otra de Rapuncel con los dos muchachitos guindados cada uno en una cadera, haciendo cola para ver al marido preso. Y hasta que aquellos gritos que estremecían a las redes sociales del mundo entero, “¡Lilian!”… eran pura paja.

Montajes fotográficos viciosamente preparados por la contrainteligencia cubana, creados y dirigidos de mutuo acuerdo. Una tramoya bien pensada en sociedad con unos expertos en el mal, para “construir” un líder a la medida de una oposición venezolana agotada, a baja llama y lenta cocción. Un “paquete” en sueño de los tiempos de la guerra fría, listo para activarse cuando “llegue la hora”.

Es que uno es hasta capaz, si lo aprietan mucho, de sospechar que el mismo títere de Guaidó no fue otra cosa que un globo de distracción, un entreacto, un ensayo “popular” de una transición compartida como plantea López, para ir corriendo la arruga. ¿QUIÉN SABE?

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