¡Quién sabe!

Editorial / Venezuela RED Informativa

“Nico”, Steven Seagal, llegó a Miraflores para visitar al señor Maduro. Sin máscara, con una catana en las manos y 200 kilos de sobrepeso. Si hubiese ido vestido de loca, cualquiera lo confunde con Juan Barreto.

El personaje de acción con coleta y puntería infalible para dejar las calles regadas con los cadáveres de los “malos” de sus películas, se cree su propio cuento. Todo indica que se ha inventado una compleja épica de artes marciales secretas, intimidad con el mismo Confucio y un profundo conocimiento de la cultura oriental. Todo eso, seguramente, le debe producir terribles pesadillas. ¡Medio loco!

Sin embargo, por encima de lo estrictamente jocoso de estos dos luchadores de sumo vestidos que coincidieron en Caracas, puede haber “algo” más allá de lo ridículo que los identifica.

La revolución ha pagado a docenas de payasos como Seagal a lo largo de todos estos años.

Un bojote de “progres” del mundo sucio se han acercado muchísimas veces a buscar “lo suyo” en la Venezuela de estos delincuentes. Desde Maradona, pasando por Danny Glover, Naomi, etc., tanto el difunto como el señor Maduro, siempre han tenido un cafecito caliente para recibir en cadena nacional a estos vividores del celuloide en el Palacio de Gobierno.

Curioso: siempre aparecen en tiempos de administraciones demócratas mandando en Estados Unidos. A lo largo de la administración Obama, por ejemplo, desfilaron muchísimos.

Y todos regresaron con dólares en los bolsillos, una que otra medalla por mantenerse en el consumo de las drogas y hasta varias espadas de Bolívar. Porque, ¡tomarse fotos con las estrellas cuesta!

Seagal, nada excepcional, resulta que no es más de lo mismo. “Nico” supo construir un interesante nicho de oportunidades. Este personaje evidentemente esquizoide se vende, y nadie lo desdice, como el operador cultural del Kremlin para Estados Unidos.

Entonces aparece en Caracas, se retrata con el señor Maduro y la “Primera Combatiente” y hablan de paz, amor y buenas relaciones.

Con la franquicia de “Nico”, por cierto, se pueden hacer muchas cosas. Aparte de llevarse una platica bolivariana, abrir canales oficiosos de relaciones con Washington, por ejemplo.

Mantengamos las cuentas claras: ya fuimos vendidos. Ahora lo que nos falta por conocer son los “detalles” de la transacción. ¡QUIÉN SABE!

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