Radical

Editorial / Venezuela RED Informativa

Ser RADICAL no es bueno. Al menos eso afirma Jorge Roi, cuando FEDECÁMARAS sube el telón luego de más de 22 años de teatro con Chávez y su gente.

Ser RADICAL “parece” que es malo. No tiene caso que un hombre como Oscar Pérez salga a matarse con el fin de liberar a todo un país. Lo mismo con aquellos miles de muchachos venezolanos que cogieron las calles para partirse el alma, desarmados, contra a un régimen de asesinos. Muchos de ellos para terminar muertos en las aceras o encarcelados en cámaras de torturas; otros escapados para siempre de su propio país.

Tampoco parece que ahora Carmona Estanga, una triste y patética creación a dos manos entre el gobierno con sus “amigos” de FEDECÁMARAS resultase haber sido un RADICAL. Autoproclamarse jefe de un estado es algo de lo más “normal” en el mundo; si y solo si, claro está, provienes de una tribu de salvajes del África Subsahariana.

En Venezuela está agotado ya el tiempo para las niñerías. El país está en pleno momento de reparto. Y los grandes “empresarios” que han luchado y han sobrevivido como guapos debajo de este aguacero también quieren su pedazo de torta. Entre chinos, rusos, españoles, norteamericanos, iraníes y el resto de las sanguijuelas que tenemos pegadas, están ellos. ¡Que también son hijos de Dios!

Y es que siempre han estado de primeritos en la fila. Siempre bien queridos, no se puede olvidar que el estado chavista pensó todo el tiempo en ellos y en sus necesidades. Cuando se crearon los Bonos Basura PDVSA, por ejemplo. O cuando se rasparon los miles de millones de dólares de la piñata CADIVI, por años sostenidos en el tiempo. Mientras, como decía el Mocho Hernández, FEDECÁMARAS le ponía el pecho a la oposición.

En Venezuela NO hay nada nuevo bajo del sol. Solamente se están apartando las sombras. Las explicaciones, las razones profundas que dan sentido a lo que ha pasado. Porque este desastre para muchos, ha sido lo mejor que le ha podido suceder a unos pocos.

No vale la pena llorar por la leche derramada. ¡Por eso es que la pelea es peleando!

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