Rapiña internacional

Editorial / Venezuela RED Informativa

Juan Guaidó sinceró la cosa. Él y el empresario del circo, Leopoldo, le consiguieron la otra pata al “negocio” Venezuela.  ¡Es que la masa no da para bollos!

Así, mientras la administración Biden/Harris decide todo lo que NO van a hacer con el NARCOGOBIERNO venezolano, los de la oposición gourmet han tomado la iniciativa de consagrase en alma y bolsillos, a la búsqueda y captura del otro gran botín nacional: las ayudas humanitarias.

Eso sí: ¡dejando plenamente establecido quien le roba qué al país!

¡Porque el caos tiene su orden! Así las cosas, los BOLISAQUEDORES endógenos se han reservado para ellos, y para sus secuaces, los grandes yacimientos de metales y de minerales que existen y están por ser descubiertos en nuestro subsuelo. También el producto de las próximas privatizaciones, la venta solo entre amigos de PDVSA, el remate de las industrias eléctricas y de cualquier otro servicio con que se pueda exprimir a 30 millones de tontos por los “empresarios” chinos, rusos, iraníes y hasta por los cubanos.

Entre tanto, los zánganos de la MUDa se reservan la explotación de los recursos y dineros que, a cuenta de autoproclamarse como administradores de la miseria nacional, se puedan “levantar” desde el exterior.

Porque, para la otra banda de maleantes que cepillan nuestro país, aquello del “cese de la usurpación” y no-sé-cuántas-frases-motivacionales-más resultan de más utilidad dejarlas por lo pronto en remojo. Enfriarlas hasta que esté bien clara la dirección de los vientos que soplan desde Washington.

La renuncia tácita, de los bandidos de la oposición venezolana a presionar en serio por una salida de verdad verdad que nos permita pensar en la recuperación de nuestras libertades secuestradas resulta cínica y miserable.

Con “cara de palo”, quedarse con el oficio de dedicarse a la RAPIÑA INTERNACIONAL, con el cuento de pasar raqueta a la vergüenza que puede sentir medio mundo libre, que le ha dado la espalda y se ha vuelto indiferente a todo el desastre humano que se vive en Venezuela, resulta patético. Si no fuera por lo pícaros y sinvergüenzas que son, darían pena… ¡ajena!

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