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Mascaritas / Venezuela RED Informativa

Lo que realmente se espera es el colapso total de la vida normal del venezolano, tal y como alguna vez la conocimos.

Los embarques de combustible rebuscado por los piratas petroleros del régimen, ya no son capaces de resolver las kilométricas colas de carros que se amuñuñan en las calles cercana de las bombas de gasolina de casi todas las ciudades del país.

La misma foto pinta para el suministro de gas doméstico. O para la generación y distribución de electricidad, que corretea como enfermo del Mal de Sambito de pueblo en Caserío y Ciudad de toda Venezuela. Cuando hay luz en algún lugar, en otro están a oscuras. ¡Ahora es “a ratos” la energía eléctrica!

La desbolivariación del circuito económico empuja al venezolano de a Pie al extraño territorio de los dólares, los euros y los pesos colombianos.

A la poca fuerza laboral que aún sobrevive dentro de alguna “formalidad”, se le tiene que remunerar con una merengada de bolívares inexistentes, con alguna otra divisa que le medio funcione al trabajador como moneda real.

Los colegios y universidades, los centros recreativos, el sobreviviente movimiento deportivo nacional, cada vez cuentan con menos muchachos, entrenadores, docentes y trabajadores. Tierra desolada.

La economía se ha marginalizado a unos extremos de guerra. La subalimentación y el hambre son los dueños del patio de “juegos”. Ya no solo en las zonas populares, sino también en el resto del país, se ha establecido la Ley de la Selva.

Esa es la Venezuela 2020 de enero. Y pareciera que pocos están realmente montados en la tremenda explosión humana de violencia y furia, saqueo y destrucción que todo indica se avecina.

La Asamblea Nacional “buena”, entre tanto, se ocupa de repetir que ella es la BUENA. Que la mala es la otra. Que tenemos el mismo presidente interino del año pasado, aunque muy pocos tienen claro ¿para qué coño es que sirve los muchachos?

Pero hay que adorarlo. Porque es valiente. Porque ha hecho mucho. Y hay seguirlo. No importa para donde. Que los Cabildos Abiertos nos harán libre. Producirán luz, gasolina y alimentos en abundancia. Y bla, bla, bla…

Y lo cierto es que, si el desbordamiento humano de violencia que se acerca en Venezuela, no es gerenciado y administrado por un liderazgo nacional fuerte, coherente y comprometido, el país corre derechito a la balcanización.

Un “todos contra todos”, como en la era de la Independencia. Donde el único ganador solo podrá ser quien cuente con más parque, más balas, más matones asalariados y menos escrúpulos.

Y ahí, gana el gobierno. Simple. Cuenta con todos los ingredientes para mantener en el tiempo.

La propuesta clara y concisa. Llamar a un Paro Nacional, que empuje la crisis interna hacia la entrada de fueras armadas que pongan fin a la Narcotiranía del siglo XXI.

Con o sin la “asistencia” de la clase política “poco confiable” que nos gastamos. A través de un correo de brujas, y muchas ganas de darle un parao a toda esta desgracia colectiva.

No hablo de marchas con horarios de oficina para “mostrar fuerza”. Todos conocen, Adentro y Afuera, cuantos somos y de qué lado es que estamos.
Hablamos de la paralización completa y total del país, para presionar por un auténtico auxilio internacional.

Para todo lo demás, existe el Twitter.

Mascaritas

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