Régimen y colaboracionistas: Unidos por el cordón umbilical

Alfonsina Ríos / Venezuela RED Informativa

Se busca un nuevo liderazgo que corte el cordón umbilical existente entre la oposición colaboracionista y el régimen. Urge el nacimiento de una real fuerza opositora en Venezuela que, unida a la mayoría de la población en la calle, de una vez por todas rompa esa manguera de oxígeno que durante años la cúpula partidista actual agrupada en la Mesa de la Unidad (MUD), utilizando voceros, mecanismos de comunicación y “negociaciones secretas”, ha facilitado rehabilitar al gobierno usurpador, cuando éste se ha visto acorralado por efecto de las masivas protestas y presiones y, que hoy Juan Guaidó, reconocido por una gran parte de países como presidente interino, contando con esa fuerza de aliados internacionales para desmontar esta estructura criminal que agobia a la nación, se deje arrastrar por la falsa representación o por su propio convencimiento, muy alejado a lo que exige la gente, haciendo lo mismo que los colaboracionistas a un diálogo en Noruega invocando “la paz”, la cual, no se puede negar que todos ansiamos, pero convencidos de que el régimen, por esa vía, no está dispuesto a negociar el cese de la usurpación.

Ya la mayoría de los venezolanos no aguanta un diálogo más, considera que es una astucia, una estrategia del opresor con sus cómplices para apagar la calle, diluir la fuerza que venía ganando el liderazgo del Presidente de la Asamblea Nacional y salir con unas nuevas elecciones dentro de este mismo aparataje, sobreviviendo ambas partes, por cuanto, de existir un desmontaje total desaparecerían como dirigencias reinantes debido a que no habría el chantaje de perder “espacios” y ya todos conocen sus caras, porque la máscara se les rodó.

El tiempo se agota para los miles de venezolanos que se hallan enfermos, no hay insumos en hospitales ni medicinas y los pocos que entraron como ayuda humanitaria por gestión de la Asamblea Nacional, dirigido por el diputado Miguel Pizarro, quien paradójicamente hoy se encuentra perseguido, no llegan realmente a toda la población, existen inhumanos controles por parte del régimen que los retienen, e incluso hay muchas denuncias en los medios de comunicación de que presuntamente los mismos han sido desviados hacia otros fines.

El ritmo de los acontecimientos es acelerado para darnos el lujo de esperar, mientras los “representantes” viajan y comen y se sientan en la mesa de Noruega, miles acá se llevan el bocado de la basura, se acuestan sin comer a veces sin dormir, azotados por el vacío, los ruidos y los jugos gástricos haciendo estragos. Hay hambruna en Venezuela.

Qué se puede sacar de un régimen que envía al trío de la mentira, encabezado por Jorge Rodríguez, presente en todas las charlas para buscar “soluciones democráticas” las cuales han fracasado. Un individuo que inventa vainas y las expone a través de los medios de comunicación con un racionamiento frío y calculador para justificar detenciones y prisiones a opositores; y por la otra parte, los enviados de Guaidó, de quienes todavía el venezolano no conoce los planteamientos concretos a discutir en esas reuniones, pero basta con solo ver la cara de Stalin González en esa negociación, ya presumimos las intenciones. La reunión en Oslo busca obstaculizar lo ya adelantado.

Ese secretismo que envuelve al acercamiento entre gobierno opresor e ilegítima representación venezolana en Oslo es de mal augurio, como lo fue el “madrugonazo” del 30 de abril, cuando después se conoció que existía un presunto acuerdo de 15 puntos cuadrados por la oposición oficialista y personeros del régimen, con el objetivo de sacar a Maduro de Miraflores o dar el indulto al principal dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López, sacándolo de la cárcel por casa donde estaba recluido, del cual, según voceros de ese país, Estados Unidos no tuvo conocimiento ni participación y, luego esta dirigencia pretendía seguir cohabitando, pero al fracasar en un intento de sobrevivencia pretenden lanzar “el mingo” del diálogo hasta Noruega.

Ante este diálogo el Departamento de Estado de Estados Unidos, a través de su portavoz Morgan Ortagus fija su posición en un comunicado: “Las elecciones libres no pueden ser supervisadas por un tirano. Como hemos dicho en repetidas ocasiones, creemos que lo único que hay que negociar con Nicolás Maduro son las condiciones de su partida. Esperamos que las conversaciones en Oslo se centren en ese objetivo y, si lo hacen, esperamos que el progreso sea posible…”.

¡No más cordón umbilical!

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