Revuelto

Editorial / Venezuela RED Informativa

Ahora es frecuente escuchar de boca del grupo de investigadores que están montados en seguir la pista de la tela de araña del fraude electoral en América, la conexión Smarmatic/Chávez/Venezuela.

En caliente y aún antes de que se denuncie la cadena de hechos que conforman esta película de terror, las referencias de nuestro siniestro sistema electoral y sus angustiantes parecidos con la base del rollo norteamericano, pone los pelos de punta.

Rapidito. En vivo. Sin la Fox ni la CNN contando los sucesos desde sus herraduras. Sin marchas ni contra marchas, los yanquis están reaccionando con estupor, horror y profundo asco por el tamaño y por los sucios métodos que han usado para tratar de colocar a Joe Biden en la Casa Blanca.

Sin Coordinadora Democrática ni MUD alguna. Sin la historia épica de Leopoldo López y tantos políticos “valientes” de botiquines con que contamos en Venezuela, los norteamericanos le salen al paso al fraude electoral y lo enfrentan cara a cara.

Todo indica que, aún cuando un buen pedazo de esa nación pueda simpatizar con el Partido Demócrata o inclusive no soporte a Donald Trump, Norteamérica empieza a padecer el síndrome colectivo del estómago REVUELTO. El “asunto” electoral empieza a transformarse en algo personal para el norteamericano de a pie.

Donald Trump utiliza la frase “desecar el pantano”, que equivaldría en criollo a algo así como “limpiar la mugre de la casa”. Un ejercicio profundo y concienzudo que logre sacar del juego político a aquello y a aquellos individuos que han venido usando al gobierno de ese país desde hace décadas para asegurar sus intereses económicos globales, aún en contra de sus mismísimos intereses nacionales.

Lástima que nosotros en Venezuela no le dimos un parao en su momento a la parranda de fraudes electorales que se sucedieron uno detrás del otro, que se iniciaron con el referéndum en contra de Chávez en 2004. Lástima que el sistema de contrapeso y el exceso de políticos tarifados que nos gastamos, no pararon en seco la máquina de hacer votos que monto el difunto junto con toda su pandilla.

Los fabulosos precios del petróleo y la fiesta de dólares baratos, hizo posible que Chávez y sus malvivientes compraran el silencio de una parte de nuestra sociedad que le dio por mirar para otro lado, mientras el “sistema electoral más perfecto del mundo” nos desplumaba el resto de las libertades que aún nos quedaban. ¡Hoy, acá, pagamos un alto precio! Allá, en América, como que no van a pasar “esta”.

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