Scooters en el Distrito 2 de Miami: Ser o no ser

Omar Estacio / Venezuela RED Informativa

Hoy, cuatro de enero de 2021, es posible que a la misma hora en que usted, amable lectora o amable lector, estén leyendo la presente crónica, las autoridades del Distrito 2 que incluye los vecindarios de, Coconut Grove, Brickell, Downtown, Midtown, Edgewater, Morningside y Wynwood (lado Este de North Miami Avenue), estén decidiendo -a tus espaldas, distinguido lector- el destino de los scooters para Miami. Un “programa piloto”, fallido varias veces, crematístico no urbanístico, muerto y resucitado a toda costa, caprichoso, para desgracia de los peatones de la ciudad.    

Quiere decir, la posibilidad más o menos cierta, que el fementido “Programa”, después de alguna cosmética reglamentaria, regrese con mayores bríos y, usted, este cronista o algún miembro de nuestras familias, amigos, vecinos, conocidos, incluidas nuestras mascotas -porque de ser atropellados, por scooters, en este Distrito, peligrará “hasta el gato”-  expuestos a fractura abierta del peroné, desgarro del manguito rotador de algún brazo o fisura, con pronóstico reservado, en la cresta externa del occipital, víctimas del impacto de uno de tales aparatejos a velocidad de 15 m.p.h. -o más, porque de que vuelan, vuelan. Y si sus conductores, mientras manejan, “textean” con sus parejas, amigotes o amigotas, vaya usted a reclamarles a la Miami Parking Authority o al Department of Resilience and Public Works, de la ciudad, supuestos a conciliar lo irreconciliable. Venirnos con el cuento chino de la supuesta energía “limpia” de tal medio de transporte, si macula la vida y seguridad de las personas. 

Hay quienes han afirmado que las sociedades se juzgan según traten a sus niños o a sus ancianos. Bernard Shaw, prefería calibrarlas según el comportamiento hacia los animales. Mandela, las evaluaba en la medida de la conmiseración social hacia los más débiles, los presos, en especial. El cronista, afirma que las ciudades deben calificarse -o autodescalificarse- según respeten al peatón. Me responderán las corporaciones que se lucran, nacional e internacionalmente con tal negocio, que el alquiler de scooters se ha expandido, cual mala hierba, por numerosas metrópolis del Mundo. Y así es, en efecto, solo que, lo expandido, en realidad, urbi et orbe, es el irrespeto, la sevicia, la criminalización del viandante, en beneficio de los vehículos de tracción mecánica. 

La imposición, a troche y moche, del scooter eléctrico, para ganancia de sus promotores, pero para desgracia de las ciudades, ha traído consigo el aumento, en progresión geométrica de los accidentes vinculados con tal tipo de vehículos.

Eureka Alert, portal de noticias, que cubre asuntos de ciencia y salud informa que “la cantidad de lesiones relacionadas con scooters y admisiones hospitalarias, en los Estados Unidos de América, creció en un 222%, entre 2014 y 2018, con saldo de más de 39,000 heridos”. Una de las tantas firmas de abogados, que han proliferado para especializarse en tal clase de infortunios, reporta un estudio independiente que calcula que, por cada 100,000 viajes en scooters eléctricos, 20 entre viajeros y transeúntes, terminarán en algún hospital, con 50% lesionados de carácter grave; el 48% habrán sido jóvenes entre 18 y 29 años. El horario más probable de los siniestros entre las 6 p.m. y las 6 a.m. Desvirtuaría el uso principalmente laboral y no de mera diversión de tal medio de transporte, como lo asevera la citada firma abogadil. 

Y ahora llegamos adónde no quisiéramos haber llegado: que el relanzamiento del mencionado “programa piloto” para el Distrito 2 previsto, en principio, a partir del próximo 15 de enero, se está cocinando, express y a espaldas de la comunidad. O por lo menos sin un llamado efectivo para a oír a todos los afectados. Comprensibles y respetables los centenares, quizás, miles de opiniones que discrepen de lo expuesto en la presente crónica. Ello agregaría razones para someter a consulta popular -como Dios manda, no entre gallos y medianoche- la continuidad o cancelación definitiva, del tal “Programa” que consideramos nefasto. Las aceras, son espacios públicos, sagrados, con prosapia y solera, para salvaguarda de la integridad física y anímica de los peatones, niños, adultos o ancianos. No para aterrorizar a la ciudadanía, ni arrollarla, ni arrastrarla por el pavimento. Alterarles, radicalmente, el uso correcto a la acera, degrada la concepción misma de lo que supone, una ciudad.      

@omarestacio 

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