Se le acabó el tiempo a Guaidó

Alexis Vivenes / Venezuela RED Informativa

Juan Guaidó ha acumulado más poder que cualquier otro líder opositor durante los últimos veinte años en Venezuela y lo ha usado, no para configurar una fuerza alternativa poderosa capaz de derrotar a la dictadura asesina que controla el destino del país, sino para consolidar su propio poder, su propio grupo político y aplastar a quienes no lo acompañen en su propósito. En el ejercicio del poder, Guaidó ha sido tan indolente como Maduro y ahora cobra lo que sembró durante un año de desaciertos.

Hábilmente puso todo su empeño, no en construir el cambio, sino en asegurar su permanencia al frente de la Presidencia de la Asamblea Nacional rodeado de un equipo de corruptos que se enriqueció groseramente mientras decían al mundo “vamos bien”. Así que el hombre que en enero del 2019 se nos presentó como el humilde sobreviviente de Vargas muy pronto se nos mostró como en realidad siempre fue: ególatra, sectario y corrupto.

El gran poder acumulado, por ejercer funciones propias de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, nunca estuvo al servicio de un cambio efectivo en Venezuela. Juan Guaidó engañó al país y a sus propios compañeros que se terminaron cansando de la improvisación y el uso discrecional del poder, que usó sin contemplaciones cada vez que algún diputado ejerció la crítica. De manera que ante el desastre del paso de la ayuda humanitaria por la frontera del Táchira o el monumento a la estupidez escenificado en “La Carlota”, nunca existió una rectificación, una disculpa o un esfuerzo que consolidara a las fuerzas políticas opuestas a Maduro y a su nefasto régimen.

Del mantra que repetimos hasta el cansancio, “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” sólo queda “Guaidó Forever” y el que no lo acompañe es un vendido y un traidor. Como están las cosas, se necesita más valor para enfrentar a Guaidó que para seguir llevándole la corriente, engañando a Venezuela.

Tal como piensan algunos, en Venezuela hay dos dictaduras en las que se aplica el mismo principio de base: “Quien no está conmigo es mi enemigo”. De manera que en el campo opositor el ejercicio de la dictadura existe y opera de forma inclemente. Así llegamos a un punto en el que hay que seguir apoyando la acumulación de poder político y económico, gracias al control de importantes bienes de la nación como Citgo y Monómeros Colombo Venezolanos, para que Guaidó y su grupito sigan engañando desde la comodidad de sus adineradas posiciones, mientras Maduro sigue atornillado en Miraflores.

La prueba más evidente de la indiferencia del poder que ejerce Guaidó es el abandono de los militares venezolanos en Cúcuta que perdieron todo por creer en la palabra de un mentiroso, que engañó a muchos por un tiempo. El tema es que no se puede engañar a todos, todo el tiempo y eso es lo que precisamente ya no tiene Guaidó.

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