¡Sean serios, vale!

Editorial / Venezuela RED Informativa

Ahora resulta que en la Venezuela de Junio del 21, sin leyes y con instituciones bien pisoteadas, todavía contamos con un inventario de “ingenuos” que se arremangan de cualquier cabuya, para intentar salir de “estos” por las buenas.

A aquellos a quienes se les ocurrió la brillante idea de activar un revocatorio para pedir la salida del señor Maduro, hay que otorgarles la Orden Plaza Sésamo, en su primera clase.

¡Por favor!

Ya firmamos una vez para pedir revocar al difunto. Y con las listas, con nuestros nombres, apellidos y direcciones, se armaron a su vez listas de apestados, que fueron utilizadas para excretar a buena parte de la gente que firmó de la vida nacional. Instrumentos del mal que sirvieron para perseguir a empleados y contratistas públicos. Y gracias a los cuales se despidieron a cientos de profesores de colegios y universidades, a maromeros de circos y hasta a pedigüeños de CADIVI, a muchos de los cuales no le dieron su parte de la torta.

Y a ellos nadie los protegió o les defendió de un régimen vicioso y fanático, ensañado sobre millones que creían hacer lo correcto, dentro de la institucionalidad de las normas. Es más, hoy algunos de estos arquitectos del nazismo criollo, son “próceres” de la oposición, como es el caso de Ismael Gonzales, el papá de la Lista Maisanta. La expresión más exaltada del mayor ensayo de jalabolismo arrastrado por la persona de Hugo Chávez de la cual se tenga noticias en los más de 200 años de vida republicana de este país.

Y entonces, a pesar de todo eso, fuimos a votar. Y las calles y los centros de votación se atestaron de gente; gente que pedía la cabeza de Chávez y la de sus malandros a punta de votos.

Y, en las encuestas a boca de urna de ese día, se abrió un abismo en las diferencias entre aquellos que querían que se fuera y los poquísimos que querían que se quedara.

Y al final de la noche el CNE del doctor Rodríguez nos dijo que Chávez había ganado la contienda a rabo alzao. Y la oposición, cómplice y en cuenta de la trampa traidora, ni se molestó en refutar los resultados. Solo unos pocos tomaron el riesgo de despejar la verdad del logaritmo de Smarmatic de ese día: ¡por cada 2 vete, las máquinas acumulaban automáticamente 5 quédate!

De manera que, algunos años después, ¿queremos ver la misma película, seguramente con idéntico final? ¡SEAN SERIOS, VALE! Por ahí ya pasamos… Seguimos aprendiendo.

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