Sembrar el horror a la dictadura

El Francotirador / Venezuela RED Informativa

Cuando comenzó a instalarse el horror dictactorial en Venezuela, violentando a la civilidad, en su tejido y expresión humanitaria, la oposición política venezolana y sus líderes optaron sólo por la denuncia, convocatorias de protestas masivas, artículos de prensa virulentos como gritos que ensordecían con adjetivos, alocuciones en videos que se colgaban en las redes sociales, activaciones humanitarias de ONGs con planes de defensa y socorro, participaciones en comicios electorales amañados con las máquinas Smarmati y un cable de fibra óptica vinculado a la dictadura cubana través del lecho marino.Inclusive, acordar una y otra vez, la negociación con esa dictadura para llegar a un acuerdo de convivencia para acostumbrarse a vivir entre el horror y la tolerancia de una paz vil y mundana. Aun sabiendo, que es una dictadura que no tiene ningún soporte ideológico ni político, sólo Narcodelincuencial y Terrorista, a pesar de que la dictadura cubana que la sustenta, tiene sus raíces ideológicas en el marxismo y el totalitarismo.

En este espectro nunca los llamados líderes de la oposición venezolana se han planteado, sembrarles por igual, a los victimarios de esa singular dictadura que sojuzga y destruye a Venezuela, el mismo horror exterminador de aquellos que tanto han sufrido entre el hambre, la enfermedad, la impotencia, la desesperación, la degradación y la tristeza. A esos líderes de la llamada oposición venezolana visible, un pudor cobarde los paraliza. No así la Resistencia que avanza en la invisibilidad.

La dictadura mató, torturó, desfiguró la belleza de Venezuela, violó y encarceló a perpetuidad(y lleva dos décadas haciéndolo sistemáticamente) con el SEBIN, la DIGECIM, el FAES, contra todos aquellos a quien considera sus más beligerantes y peligrosos enemigos (niños, jóvenes, ancianos, mujeres embarazadas, etcétera, como escorias judías en un campo de concentración o en la emblemática TUMBA o en EL HELICOIDE. Sin embargo, en estos infinitos años de la tragedia apocalíptica de Venezuela, que progresivamente se apoderó de su paisaje humano y de su naturaleza vegetal, mineral, marina, en el cerebro y corazón de la víctima humana que deambula en la incertidumbre, no ha prosperado la venganza urgente que debe ejecutar, indefectiblemente, como invocaba Hannah Arendt, toda víctima en guerra para no prolongar en el tiempo, el rencor y el odio que se vuelva contra sí misma después y que termina por destruir su espíritu que debe preservar a toda costa, sino que la oposición tradicional venezolana, optó por un pacifismo que devoró el tiempo mismo de la espera apostando a una hipotética resolución milagrosa, hasta convertir su conducta en la expresión de un martirologio inútil e impotente. Nuestra víctima en Venezuela carece de proteína como el nutriente vital para darle savia a su definitiva rebelión e insurrección.

En su acto culminante no debe haber piedad contra sus victimarios. Por eso, entre un número extenso multiplicado de forajidos, hay que darle caza a Rafael Ramírez, buscarlo hasta debajo de las piedras si ahí se esconde o por entre los pasillos y alcobas de seda y satén del palacio de Mónaco donde se especula que también se oculta perfumado y acicalado, para despojarlo de los $10.0000.000 (o más) que robó al erario público venezolano, para luego llevarlo a la justicia, condenarlo y ejecutarlo sin dilación de ningún perdón.

Aquellos que soló llegaban a masivas protestas de calle lo hacían con escudos de cartón ante un enemigo que los eliminaba con armas de guerras, luego trituraban y desmembraban sus cuerpos con tanques o pesadas ballenas que conducían los servicios de inteligencia cubanos y la Guardia Nacional, mientras Gustavo Dudamel, tocaba El Himno de la Alegría de Ludwig Van Beethoven. La salida como acción insurreccional de Leopoldo López fue un estruendoso fracaso, su entrega voluntaria al gobierno de una dictadura donde no existe Estado Derecho tenía un dejo ridículo propio de u telenovela, así como el sí o sí, de su discípulo Juan Guaidó, en sus funciones de presidente Interino.

Prosperó el voluntarismo del lobo solitario, que colgaba frecuentemente, videos en las redes sociales, donde amenazaba a la Dictadura, forrado en uniforme y armas como un actor de una película de acción bélica, pero jamás ejecutó una operación militar estelar ni en la toma de los fuertes militares, ni en los restaurantes donde bebían y comían los torturadores y asesinos. Nunca fue degollado un comensal de la avaricia y la glotonería. Ni siquiera sembró (tiburones en las playas paradisíacas donde celebraban sus bodas orgiásticas, entre tragos de whisky y pases de cocaína,aquellos miserables que coronaban de reina a la hija de Diosdado Cabello.

Aquellos venezolanos, desesperados, que después se exilaron en masa en muchos países del mundo, buscando la sobrevivencia, olvidaron el norte de organizarse política y militarmente, para perseguir a los miembros de la dictadura que habían robado, torturado y asesinado en el país, disfrutando de un confort que les otorgaba y hasta les garantizaba los entes diplomáticos, como las embajadas o las naciones Unidas. Nunca ha habido un ataque en cadena contra las instituciones diplomáticas de la dictadura venezolana repartidas por el mundo. Solo videos que muestran cómo disfrutan sus actores principales en lujosos clubs y restaurantes. Sólo insultos de transeúntes y nada más. El exiliado venezolano también está privado de la furia que debe desatar contra los que saquearon, mataron y robaron en Venezuela.

Eso explica como la hermana de Diosdado Cabello,se arrogó el derecho expansionista dictatorial, siguiendo el ejemplo de la dictadura cubana, desde la embajada de Venezuela en París,al denunciar a la periodista Andreína Mujica por intento de asesinato. La mayoría de los que se marcharon de Venezuela sin una brújula política ni militar, en búsqueda de una desesperada sobrevivencia, terminaron en la indefensión prolongada extraterritorialmente por la propia dictadura. Los grandes informáticos que formaron las universidades venezolanas, hasta ahora no han realizado ninguna operación de hacker que derrumbe la seguridad de una dictadura que se cree todopoderosa. Sorprende que la oposición venezolana no haya hecho suyo los hallazgos de la microelectrónica y el instrumental satelital, para derrumbar una dictadura, sin necesidad de utilizar un ejército como tradicionalmente se ha usado para poner fin a ese monstruo de mil cabezas.

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