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Editorial / Venezuela RED Informativa

SI la poderosa comunidad cubana radicada en Estados Unidos no ha logrado empujar a la Administración Biden/Harris a actuar en defensa del derecho a la vida y de las libertades individuales dentro de la isla, ¿qué puede quedar para Venezuela y para los venezolanos atrapados en la trituradora de carne del siglo XXI?

SI de socios económicos preferentes por décadas con Norteamérica, hemos sido rebajados a “problema migratorio”. SI de proveedores confiables y seguros de crudo, nos hemos convertido en chatarreros del negocio petrolero.

Devaluados, ultrajados y destruidos hoy no significamos mayor cosa para el Departamento de Estado de la América de Joe Biden y de Kamala Harris. Quizás un estorbo. Una pieza menor en el enorme tablero geopolítico, en donde se disputan Estados Unidos y la República Popular de China pedazos del mundo.

Nos meten, nos sacan, nos venden y nos cambian a su gusto dentro de su Agenda Hemisférica. Nos perfilan conforme las necesidades de materias primas de los grandes capitales, que prefieren que continuemos funcionado como una zona fallida, como una zona anómala. Como un espacio cómodo y de fácil entendimiento para saquear sin mayores complejidades “democráticas” los enormes recursos con que cuenta nuestro territorio.

Acá no hay de otra, SI queremos lograr un cambio en serio. SI sabemos que la oposición política que dice adversar al régimen nada más ha servido para lucrarse groseramente con nuestros enfermos y con nuestra gente que está pasando hambre. ¡Toca actuar!

La posición dura y firme de la Junta Patriótica, la expresión de la Resistencia dentro y fuera del país, mantiene una dirección real para salir de este berenjenal.

Pablo Medina y su gente, docenas de grupos sindicales y políticos, civiles y sociales, acompañan inequívocamente la única forma de recuperar a nuestro país. Todos ellos no se cansan de hablar de una intervención armada sobre Venezuela, por la calle del medio y sin pruritos de ningún tipo.

Hablan de liberar un pedazo del territorio nacional, para reiniciar la reinstitucionalización del tejido del estado, y obligar al mundo a tomarse con seriedad el “asunto Venezuela”.

¡Ya está bueno ya! ¿Qué tanto esperar?

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