¡Sí Luis!

Editorial / Venezuela RED Informativa

La eliminación de Santrich en territorio venezolano es otra expresión más del “cariñoso” acompañamiento que llevan a cabo las alimañas del mundo sucio al proyecto del difunto.

Realmente, poco importa quién lo liquidó. ¿Algún comando del gobierno del presidente Duque? ¿Alguna de las facciones que disputan el control del corredor de las drogas de Venezuela? ¿Una novia engañada?

Lo cierto es que estos peligrosísimos sujetos del bajo mundo internacional llevan añales confiados y despreocupadamente moviéndose por todo nuestro país. De día y a pleno sol, reciben atenciones y “custodia” de las NARCOFUERZAS armadas bolivarianas, y trato VIP como lo que son: socios claves para la vida “normal” del régimen.

Estando así las cosas, Manuel Rosales nos anuncia estar listo y preparado para la contienda electoral. No deja en claro si trata de conseguir otra nueva oportunidad para saquear y terminar de desvalijar lo que una vez fue el poderoso Estado Zulia o para prestarse por alquiler, nuevamente, a “medirse” con el señor Maduro en 2024. Un duelo de titanes: ¡Cada uno más imbécil que el otro!

Lo “curioso” de ese asunto, justamente en estos “tiempos” que corren, es que cada vez es más patética la desconexión entre la oposición en Venezuela con la realidad nacional venezolana. Pues resulta nauseabundamente evidente que cada una de ellas marcha por su lado, sin encuentro con lo posible.

El país de verdad “anda” por unas vías tortuosas, llenas de problemas, con muy pocas certidumbres; mientras que los “operadores” de lo político se mueven dando tumbos por los recovecos de lo absurdo. La oposición en Venezuela es de opereta: una comedia en blanco y negro más Tin Tan, que Mario Moreno “Cantinflas”.

No hay que hacer mayor esfuerzo. ¡Se entiende a la perfección! Quienes “jefean” a la oposición venezolana, sus dueños, el gobierno, es claro y conciso: hay que tapar como sea la realidad con esta ficción de actores de última categoría, apostando que 32 millones de venezolanos somos subnormales. ¡SÍ LUIS!

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