Sueños

Editorial / Venezuela RED Informativa

¡Que nadie se equivoque! Los sueños y las pesadillas están construidas con el mismo material. Y, en ambos casos, cualquiera de las dos se puede convertir en realidad.

Hace menos de dos décadas atrás, los facinerosos del siglo XXI cocinaban y hacían públicos sus planes de la patria. Unas perfectas ridiculeces. Bodrios metodológicamente burdos, casi que para retrasados, media Venezuela los consideró como manuales de estupideces, solo para cretinos.

Así las cosas, esas “imbecilidades” de las que tanto nos burlamos, en muy breve tiempo se transformaron en el espejo invertido, sucio y feo de lo que una vez fue nuestro país.

Con la eficiencia destructiva de las plagas, estos demoledores de oficio han convertido a toda Venezuela en un inmenso campo de concentración repleto de muertos de hambre. Esta gentuza hizo posible su “sueño”. Y “estos” han hecho de su “sueño” la pesadilla colectiva de todo un país.

Admirable: se trata al final del triunfo del tesón y de la constancia en el logro de sus objetivos.

Aterricemos: estos delincuentes poseen el control y el poder absoluto sobre toda la capilaridad institucional, formal e informal en Venezuela desde hace añales. Inclusive han comprado a toda una camada de oposición política, como si de un zapato a la medida se tratara. Solo para el arreglo de sus intereses comerciales, sin dudas. Nada más que para su propio disfrute y el de sus agregados y asociados del bajo mundo, que no les desamparan ni de noche ni de día. Pero la verdad verdad es que el país es de ellos. De norte a sur y de este a oeste. Hace años la mayor parte de nuestra sociedad, lo tiene TODO perdido.

Toca ahora aprender de “ellos”. Aunque suene a feo y huela peor. Hay una importante lección a tomar, en cuanto a la persistencia en el logro de los “sueños” de estos miserables.

Hay poco que explicar. Sin un plan de país, sin un sueño que sea probable, posible y alcanzable, construido y compartido por las grandes mayorías venezolanas, no vamos a lograr hacer realidad la peor de las pesadillas de la porquería del siglo XXI: ¡ser expulsados del poder!

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