Suiza

Editorial / Venezuela RED Informativa

El gobierno del presidente Duque de Colombia, continúa jugando al TIN MA RIN con los venezolanos. Primero dice rotundamente que NO abrirá la frontera. Luego que corre la reapertura para septiembre. Después que SÍ lo hará de una, pero con restricciones y bajo “condiciones”: habrá paso por los puestos controlados solo a “casos especiales”. El hombre es, por decir lo menos, errático.

Lo último que se sabe es que, a las grandes mayorías todavía nos salen trochas, guerrilla y colectivos de la patria.

A menos que, como ya es una sólida costumbre binacional, se pague por la “vuelta”. Porque, para que nos entendamos: Colombia ni es SUIZA ni es Holanda. Allá es moneda de uso común también el “cuanto hay pa’ eso” y el “colabore”, igualito que en Venezuela. Acá, en el trópico, la postmodernidad tiene sus límites.

Y, aunque el presidente Duque insista en no mirar, el tráfico de menesterosos, angustiados y necesitados de los bienes y servicios con que cuenta Colombia es enorme. Y “eso” no se detiene ni por las lluvias, ni por las crecidas de los ríos, ni por las restricciones administrativas, ni por los tiroteos. La corriente de venezolanos en fuga, compradores, mercaderes, tunantes y gentes de bien no puede parar, por más que Freddy Bernal y la Casa de Nariño traten de restringir su tránsito.

Y el caso es que, desde hace más de un año, a cuenta de pandemia y de desencuentros, las relaciones reales entre los dos países están a “cargo” exclusivamente de las fuerzas más oscuras del subcontinente suramericano. En convivencia, a escasísimos metros, tanto de la NARCOGUARDIA nacional bolivariana, como de la policía nacional colombiana, y en perfecta armonía. ¡Como debe ser!

Muy sencillo: la frontera entre Colombia y Venezuela es un ser vivo. Una cazuela, una enorme olla en donde se ha cocido por más de 300 años la historia de convivencia entre dos países parecidísimos. Ya verán en Santa Fe de Bogotá si la entrega finalmente a la administración total de los violentos con que hoy por hoy la comparte o no la mete en cintura. ¡Eso es su problema!

Por el lado de Venezuela, acá ya sabemos a qué atenernos. No nos hacemos ilusiones. Solo mantenemos la espera. Y vamos y venimos. Y la continuaremos brincando caños y puentes de palo si toca salir o entrar a Colombia. Que el presidente Duque, si así desea, mantenga su insistencia en hacerle creer al mundo que controla los más de 2.200 kilómetros que comparte en condominio con sus vecinos del chavismo.

Al final está más que claro: ¡solo se hacen los pendejos! Mientras, nosotros, de este lado del desbarajuste: ¡Estamos aprendiendo!

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